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Por David Cros

El 31 de enero pasado (31-01-2020) publiqué “El coronavirus y el programa chino de guerra biológica”. Si no lo ha leído, le recomiendo que lo haga ya que, de lo contrario, es posible que no tenga el contexto adecuado para el artículo que sigue a continuación.

Basándose en dicho artículo en DogmaCero realizamos un video que subimos a nuestro canal en Youtube y que fue retirado (la palabra exacta sería «CENSURADO«) porque, según dijeron a nuestro editor, «infringe nuestras normas» ya que «Youtube no permite publicar contenido que incite o promueva actos violentos o peligrosos que podrían dar lugar a lesiones físicas de gravedad o la muerte. Tampoco permite que aparezca contenido cuya finalidad sea ofensiva, sensacionalista o irrespetuosa». Ruego al lector lea el artículo citado y se forme su propia opinión.

A raíz de este incidente, he recibido varios emails  y diversos comentarios en las redes sociales, lo que ha provocado que actualice el anterior post con la sección “PARA SABER MÁS”, habitual en las publicaciones de DC, y que por razones de actualidad no pude publicar en su momento, y me decida a escribir el presente artículo con nuevos datos que apuntarían en una dirección muy concreta.

Revisando mi artículo a la luz de las nuevas informaciones, no puedo por más que reiterarme en lo que en el mismo se argumentaba, citando aL Dr. Dany Shoam (doctor en microbiología y ex oficial de la inteligencia israelí) y a The Washington Times: existe una posibilidad razonable de que el llamado COVID19 (antes 2019-NCoV) sea fruto de la ingeniería bioquímica, en el contexto de un supuesto programa chino de guerra biológica.

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por David Álvarez-Planas

En enero de 2017 la prensa se hizo eco de la muerte de una mujer en Estados Unidos a causa de una “superbacteria” que, al parecer, era resistente a todos los antibióticos conocidos.(1)

Se trataba de una mujer de unos setenta años, residente en Nevada. La causa de la muerte fue un shock séptico provocado por la bacteria Klebsiella pneumoniae. La muerte se había producido en el mes de septiembre, pero los CDC (Centers for Disease Control) de Atlanta no lo dieron a conocer hasta el Informe semanal sobre morbilidad y mortalidad del mes de enero del año siguiente.

El origen de la infección que causó la muerte de la paciente había que buscarlo en una fractura de pierna que había sufrido en un viaje a la India efectuado el mes de agosto anterior. Al parecer, la infección la habría contraído en el hospital donde la atendieron.

La Klebsiella pneumoniae es una “enterobacteria”, resistente a casi todos los antibióticos conocidos y su mortalidad se estima entre un 40 y un 50 por cien de los casos. Según se indica en el informe de los CDC, la paciente fue tratada con 26 antibióticos diferentes sin resultado.

La resistencia a los antibióticos es un problema que preocupa y mucho a las autoridades sanitarias. La OMS (con todas las reservas que esta organización levanta en algunos sectores) ha anunciado que, de no hacer nada, la Humanidad se dirige a un “periodo post antibióticos” en el que una simple infección, hoy perfectamente tratable, podría causar fácilmente la muerte. Y es que no es la persona la que se hace resistente o sensible a los antibióticos, es la bacteria, residiendo ahí la gravedad del problema. Es decir, puede ser que una persona jamás haya tomado un antibiótico y no por ello dejara de estar expuesta a las consecuencias de una infección bacteriana o incluso a la muerte si es infectado por una de esas nuevas superbacterias.

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superbacteria

 

Según informa la CNN (en su edición en español), se trata de una cepa rara de infección por E. coli que es resistente a los antibióticos, incluso a la colistina.

Una superbacteria resistente a todo tipo de antibiótico fue hallada por primera vez en Estados Unidos, según se detalla en un informe elaborado por el Departamento de Defensa el jueves 26 de junio de 2016

El doctor Tom Frieden, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), dio a conocer el caso en el Club Nacional de Prensa en Washington.

Una mujer de Pennsylvania de 49 años de edad mostró la presencia de una cepa rara de infección por E. coli que es resistente a los antibióticos, incluso a la colistina, que los médicos a veces usan como último recurso cuando otros antibióticos fallan.

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zika_1

Bill y Melinda Gates, han sido llamados los mayores filántropos y “las personas más generosas” del mundo(1). Es cierto que, incluso con el patrimonio neto de US$ 87 mil millones de Bill Gates, sus US$ 28 mil millones en donaciones, es algo que impresiona, al igual que muchos de sus objetivos mundiales en materia de salud, al menos superficialmente (2).

No obstante, si escarba un poco más profundo dentro de la filantropía de la Fundación Gates, encontrará alianzas y asociaciones cuestionables, como la que tiene con el gigante biotecnológico Monsanto, así como algunos proyectos curiosos, como el gasto de US$ 1 billón en programas de formación para periodistas y la investigación en la elaboración efectiva de los mensajes de los medios de comunicación(3).

He manifestado previamente, que Bill Gates podría ser uno de los bienhechores más destructivos del mundo. Por ejemplo, parece completamente ajeno a los defectos fundamentales en la ciencia detrás de los alimentos transgénicos (GM, por sus siglas en inglés).

Este olvido, al parecer se extiende a la ingeniería genética en otros seres vivos más allá de las plantas, al igual que el uso de mosquitos transgénicos, el cual está siendo cada vez más aceptado debido a la reciente «emergencia» en la salud pública por el virus Zika.

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medicamentos

Allen Frances reconoce que tiene algunos problemas. «Soy olvidadizo, despistado, a veces como compulsivamente…». Pero entre sus haberes está el entrenar cada día su mente y su cuerpo («se me da genial el ejercicio físico»). Quizás por eso nunca ha necesitado medicación para esas alteraciones y también porque, como dice, tiene muy presente que están directamente relacionadas con la cotidianidad del ser humano.

Frances lleva décadas dedicado a su profesión: la Psiquiatría. Desde 1980 ha estado involucrado en la preparación del DSM, el manual estadounidense donde se recogen los diagnósticos de las enfermedades mentales. Colaboró en su tercera edición y dirigió la cuarta y, aunque en las últimas décadas ha ido marcando las pautas para psiquiatras de todo el mundo, fue la quinta edición -en la que él no estuvo presente- la más criticada y la que más controversia generó, ya que se quisieron categorizar como enfermedades problemas que para muchos expertos no eran una enfermedad real. Gracias al debate generado en torno a este manual, su desarrollo se modificó y eliminó los diagnósticos más controvertidos como la adicción al sexo. Sin embargo, algunas patologías recogidas en esta última versión siguen estando en el punto de mira de muchos especialistas que sostienen que sólo van a contribuir a psiquiatrizar más la sociedad.

Como explica a este periódico Frances, de visita en Madrid por la publicación en España de su libro ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría (Ariel), según el DSM V, «yo tendría un trastorno neurocognitivo menor, porque a medida que me voy haciendo mayor se me olvidan las caras, los nombres y dónde he aparcado el coche. Pero aun así, consigo funcionar. También tendría el síndrome de atracones, porque se me da fatal la dieta y como todo lo que veo. Cuando mi mujer murió, habría sufrido el síndrome del trastorno depresivo grave por la tristeza que sentí. Mis nietos padecerían un trastorno de desregulación del humor y déficit de atención. Y la lista podría seguir. Las definiciones de los diagnósticos eran ya de por sí demasiado amplias en el DSM IV y con el quinto se puede llegar a una vida cada vez más medicalizada, y eso incluye la receta médica de pastillas».

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