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01Si funciona, se cuenta; si no funciona… mejor no. La comunidad científica tiende a publicar mayoritariamente resultados positivos de las pruebas que se realizan sobre los fármacos, para ver si son útiles realmente o no. Eso no quiere decir que no haya resultados negativos, de hecho, sucede más bien lo contrario: refutar hipótesis es parte del día a día de cualquier investigador.

La escuela imperante en la mayoría de los sistemas de salud mundiales es la llamada «Medicina basada en la evidencia»: cada decisión médica ha de estar apoyada por estudios contrastados e independientes, estadísticas fiables y representativas que garanticen el mejor tratamiento posible para el paciente. Sin embargo, esto no sucede en todos los casos. A lo largo de los años se ha normalizado el hecho de que empresas farmacéuticas y agencias reguladoras manejen datos sobre medicamentos de uso común con total opacidad. La información médica no es tratada con la transparencia necesaria y esto repercute directamente en la calidad de nuestro sistema de salud.

Hay ilustres ejemplos de resultados negativos que han sentado las bases de un gran descubrimiento posterior como sucedió con el experimento de Michelson y Morley que descartó la existencia del éter y sirvió de precedente para la Teoría de la Relatividad. Sin embargo, los resultados positivos son mucho mejor valorados que los negativos porque dan más prestigio (por eso Einstein es más famoso que Michelson y Morley) y justifican la dedicación de tiempo y recursos. Además, los resultados negativos en general no son valorados por las revistas científicas, no son noticia.

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medicamentos«Un tercio de los medicamentos comercializados son completamente ineficaces, no tienen ningún efecto terapéutico. Otro tercio puede causar problemas secundarios al no ser bien tolerados por el paciente o se utilizan mal al prescribirlos a personas que no los necesitan. Finalmente, queda otro 33% que es la cantidad de fármacos realmente útiles para curar una enfermedad o algún problema de salud”.

Estos son los controvertidos datos que el francés Philippe Even, profesor emérito en la Universidad Paris Descartes y antiguo miembro de la comisión científica del Ministerio de Sanidad galo, ha obtenido tras analizar con su equipo de colaboradores cerca de 20.000 informes sobre medicamentos comercializados en Francia.

Even, como aclara en una conversación con El Confidencial, es consciente de que ha abierto la caja de Pandora sobre una cuestión de primer orden, tanto para los consumidores, como para los gobiernos que subvencionan estos productos y, principalmente, para los grandes laboratorios farmacéuticos. La repercusión de su último libro Le guide des médicaments: utiles, inutiles ou dangereux es una buena prueba de ello. Sin embargo, no le tiembla la voz a la hora de señalar a los culpables: “En primer lugar los profesionales médicos, que están desinformados o seducidos por los ‘regalos’ de los visitadores médicos; en segundo lugar, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), que es quien autoriza la comercialización y, finalmente, la propia falta de moral de la industria farmacéutica, que conoce a la perfección los riesgos y beneficios de sus productos, pero aún así hace todo lo posible por comercializarlos, una actitud que en parte es normal porque ese es su negocio”.

Una responsabilidad compartida entre laboratorios, gobiernos y médicos

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oro1Hace unos días se publicó la noticia de que Alemania había iniciado la repatriación de las reservas de oro de su propiedad que tenía diseminadas por diversos países del mundo. La diversificación de sus reservas se había iniciado hace décadas en el contexto de las tensiones de la guerra fría y un escenario en el que se pudiera producir una invasión de la, por entonces, República Federal Alemana por parte de las tropas del Pacto de Varsovia.

Se afirma ahora que, desaparecido ese escenario geopolítico, tal diversificación carece de sentido.

Lo cierto es que el mundo está inmerso en una larvada y silenciosa «guerra de divisas» (algunos analistas hablan abiertamente de La Tercera Guerra Mundial) en la que las políticas de los diversos bancos centrales se han convertido en un arma de posible destrucción masiva , devaluando sus respectivas monedas para de este modo, se nos dice, mejorar los precios de sus exportaciones. Esto, que es un elemento clásico de actuación económica para salir de una crisis no sistémica, pierde buena parte de su sentido cuando constatamos que estamos sumidos en un fallo global, preludio de un más que posible colapso del sistema tal y como lo hemos conocido hasta ahora.

Sea como sea, lo cierto es que parece como si alguien hubiera entonado un «sálvese quien pueda» que sólo va a precipitar una situación que nos puede situar a todos al borde del abismo.

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Es de origen asiático y sólo afecta a los adultos

Medical researchEl 23 de marzo pasado, iniciábamos la publicación en Dogmacero de la noticia UN CIENTIFICO HOLANDES DESCUBRE UN VIRUS MORTAL “PEOR QUE EL ANTRAX” con el siguiente comentario:

«Prepárense para que en un futuro próximo se anuncie una pandemia provocada por un virus “desconocido”, altamente contagioso y  que ataca de forma selectiva y  con especial virulencia a personas mayores de 65 años… justo la edad en la que, para algunos, empezamos a no ser productivos.

Y es que algunos analistas barajan siniestros escenarios en los que la reducción de la población mundial sería un objetivo prioritario. Y es en ese contexto que hay que entender la presente noticia

Pues bien, parece que, desgraciadamente,  no andábamos desencaminados ya que en fecha reciente se ha hecho pública la siguiente noticia, que de ser cierta, las consecuencias serían estremecedoras. Léanlo con atención pues no tiene desperdicio.

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nwo2

El hotel debe estar cerca de un aeropuerto, totalmente vacío y si hay un campo de golf al lado, mejor. También debe ser fácil de vigilar y de aislarlo del mundo exterior. Todo para que los más poderosos del globo, un largo centenar de gobernantes, empresarios, políticos, banqueros, intelectuales y dirigentes de organismos internacionales, puedan reunirse a lo largo de cuatro días en total privacidad. Ellos mismos no pueden llevar escoltas, ni asistentes, ni secretarias, ni traductores. Sólo ellos, en una sala grande, cuatro veces al día. Y fuera de ella, en los pasillos, el bar, la piscina o el campo de golf. Para decidir, o al menos influir en lo que se cuece en el mundo, desde el precio del petróleo hasta la invasión de un país rebelde, desde el nombre de futuros presidentes hasta las crisis económicas. Su hermetismo les ha dado la fama de ser conspiradores. Es posible que su poder no llegue a tal extremo, pero son capaces de crear ambientes, causar corrientes y facilitar decisiones. Leer más