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La noticia no es nueva. A mediados del pasado mes de marzo, el Goddard Space Flight Center de la NASA publicaba un informe en el que se advertía de los peligros del cambio climático y la “explotación insostenible” de los recursos de nuestro planeta lo que nos estaba conduciendo al colapso de nuestra civilización en relativamente pocos años.

Esta noticia cobra de nuevo actualidad al conocerse  que el Pentágono trabaja con la hipótesis de que ese colapso civilizatorio se produzca y prepara los protocolos de actuación para cuando tal eventualidad se produzca.

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Incertidumbre, riesgo, crisis, peligros globales, caos… Son algunos de los conceptos más repetidos en el último informe de la ONU que un panel intergubernamental (formado por 60 científicos y representantes de un centenar de países) discute estos días en Japón. El documento ha sido elaborado por la agencia sobre cambio climático de naciones unidas, pero su perspectiva no se limita a describir el actual impacto ambiental, como en ocasiones anteriores, sino que centra su foco en el análisis de las amenazas contra la civilización. Sus conclusiones no son nada halagüeñas y vienen a reforzar, mediante una escalofriante mímesis, las mismas advertencias lanzadas en un reciente estudio financiado por la Nasa.

Las catástrofes naturales producidas durante el pasado año, junto a los efectos del clima extremo, con sequías, olas de calor, inundaciones y ciclones, han dejado a su paso graves problemas de abastecimiento, hiperinflación y ciertos conatos de revuelta. El nuevo enfoque de la ONU ya no se centra en el deshielo de los glaciares y el peligro que supone para los osos polares la alteración de su hábitat. Esta vez se apuntan las serias dificultades que enfrentará la civilización en un periodo no muy lejano, de entre cuatro y ocho décadas. El reto ahora es “buscar la supervivencia de la especie humana”.

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Cerramos con esta tercera entrega la serie de tres artículos publicados recientemente en la prensa acerca de la posibilidad de un colapso de la civilización tal y como la conocemos. En este trabajo se citan a autores como James Lovelock y a instituciones como la NASA,la ONU o el mismísimo Pentágono. A estas alturas creemos que nadie pone en duda el difícil momento por el que atraviesa la historia de nuestra especie, fruto de sus propias contradicciones y que se traduce en una grave crisis económica (probablemente inducida), de valores, de organización como sociedad, en enfrentamientos entre grupos culturales y religiosos diferentes etc. Y todo ello en el marco de un indudable cambio climático cuyo origen, según unos, hay que buscarlo en la acción del hombre y que, según otros, obedece a un ciclo que se repite de forma periódica y que probablemente ya ha ocurrido en un pasado remoto y cuyo recuerdo nos ha llegado en forma de mitos y leyendas. Posiblemente la humanidad se halle ante una encrucijada. Pero si bien los problemas son graves, tampoco conviene olvidar que no es esta la primera vez que enfrentamos crisis… y las superamos. Y, sobre todo, no perdamos de vista que el mejor modo de tener a una sociedad cautiva y esclavizada es tenerla atemorizada. Y eso “la élite” lo sabe.

Redacción DogmaCero


Las palabras ‘colapso civilizatorio’ comienzan a aparecer con una inusitada frecuencia en los documentos oficiales de agencias de seguridad y organismos internacionales. Primero fue un estudio del Goddard Space Flight Center de la NASA en el que se advertía que la convergencia de las crisis alimentarias, energéticas, económicas (incremento de la desigualdad social) y del agua generará un colapso de la civilización en las próximas décadas. Unas pocas semanas después llegaba a semejantes conclusiones un panel intergubernamental de la ONU formado por 60 científicos y representantes de un centenar de países. Estos días ha sido el turno del Pentágono, que trabaja en la coordinación del “día después” (del colapso).

El informe del departamento de defensa norteamericano, llamado Conop 8888, tiene como objetivo instruir al ejército patrio para garantizar la supervivencia de la humanidad (incluso de las “poblaciones de países tradicionalmente enemigos”). Los autores del documento dibujan un escenario ficticio postapocalíptico, a partir del cual se diseñan diferentes estrategias para salvar a la población.

Las amenazas son diversas, pero el tema elegido para este “ensayo general” son los tan de moda zombis. Una metáfora para emular los retos a los que se deberán hacer frente cuando llegue el denominado “Day After Tomorrow”, como explicó la capitana y portavoz del Comando estratégico, Pamela Kunze, a Foreing Policy, la primera publicación que ha tenido acceso íntegro al documento desclasificado por el Pentágono.

El plan de contingencia para actuar ante un posible colapso de la humanidad consta de 31 páginas y fue diseñado en el año 2011. Desde entonces, un Comando Estratégico del ejército de EEUU se entrena bajo sus directrices en una base situada a las afueras de la ciudad de Omaha (Nebraska). En realidad, y según han informado al canal NBC fuentes cercanas al Pentágono, se trata de una “herramienta de formación” de militares que utilizan un “escenario ficticio” para instruirse en las labores propias de una gran catástrofe planetaria.

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En la Edad Media, hacia el 775, ya se produjo  una gigantesca tormenta solar

solar stormHace menos de una semana, la NASA advertía de que toneladas de partículas expulsadas por el Sol viajaban por el espacio en dirección a la Tierra como resultado de una erupción solar. Las erupciones solares no son en principio un riesgo para los seres vivos. Para la tecnología moderna, sin embargo, son todo un peligro: la radiación que traen consigo puede interferir con el funcionamiento de los sistemas de telecomunicaciones y de los circuitos eléctricos.

En enero de 2012 tuvo lugar una tormenta solar especialmente fuerte que obligó a desviar la trayectoria de los vuelos que sobrevolaban los polos y que afectó a otros sistemas de comunicaciones y a algunas centrales eléctricas. El efecto fue relativamente leve.

¿Qué ocurriría si la cantidad de radiación inyectada en la Tierra fuese tan descomunal que destrozase la tecnología en la que basamos nuestro día a día? Si algo así ocurriese, sería una catástrofe tecnológica: el tendido eléctrico se fundiría, las centrales arderían, las redes de telefonía dejarían de funcionar, al igual que los satélites e internet. Los sistemas de tratamiento y distribución de agua, las cadenas de producción, el transporte por cualquier vía, la atención médica… Sería raro el sector que no se viese afectado, y el golpe sería tan devastador que podríamos tardar años en recuperarnos. Las consecuencias podrían ser irreversibles.

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Madrid. (Europa Press).- Científicos de la Universidad de Cincinnati (Estados Unidos) han determinado que «cerca del final de la Edad de Hielo» se produjo un evento cósmico que provocó un cambio climático que obligó a la vegetación y a los animales a adaptarse a un nuevo entorno.

Los expertos que han llevado a cabo este trabajo, publicado en PNAS, han estudiado la cueva Sheriden en Ohio, situada a 100 metros bajo la superficie, donde pueden observarse capas geológicas que datan de hace unos 13.000 años. Allí, se han encontrado evidencias que avalan la teoría de que se produjo un evento cósmico lo suficientemente cerca de la Tierra como para derretir la roca y producir fenómenos geológicos poco frecuentes.

Concretamente, los geólogos han hallado esférulas de carbono, que se forman cuando las sustancias se queman a temperaturas muy altas. Estos cuerpos presentan características que indican su origen, que puede ser la quema de carbón, la caída de rayos, incendios forestales o algo más extremo.

Para el autor principal del estudio, Kenneth Tankersley, las rocas que su equipo está estudiando «sólo podrían haber sido formadas por la combustión de roca».

Además, también ha destacado como «hallazgos importantes» de su equipo los micrometeoritos (pequeños trozos de meteoritos o partículas de polvo cósmico que se han puesto en contacto con la superficie de la Tierra); nanodiamantes (diamantes microscópicos que se forman cuando una fuente de carbono se somete a un impacto extremo, y que a menudo se encuentran en los cráteres de meteoritos); y Lonsdaleita (un tipo raro de diamante, también llamado un diamante hexagonal, que sólo se encuentran en zonas como cráteres de meteoritos).

El investigador cree que el evento cósmico que ocurrió hace unos 12.800 años tuvo un efecto «inmediato y mortal» y los efectos secundarios a largo plazo fueron » devastadores». A su juicio, un cometa que rozó la atmósfera de la Tierra o un asteroide que se estrelló contra su superficie causó una combustión a escala global. La explosión produjo un gas tóxico que nubló el cielo y causó que las temperaturas cayeran en picado.

Este clima puso en duda la existencia de poblaciones de plantas y animales y se produjo lo que Tankersley ha clasificado como «ganadores» y «perdedores». Para Tankersley, los seres vivos de este período tenían tres opciones: reubicarse en otro entorno donde podían ganarse la vida de forma similar; ajustar su estilo de vida para adaptarse al entorno actual o extinguirse rápidamente.

«Los ‘ganadores’ eligieron una de las dos primeras opciones, mientras que los ‘perdedores’, como el mamut lanudo, se decantaron por la última», ha explicado el experto. «Sea lo que fuese, no causó la extinción», dice Tankersley, quien ha añadido que, «más bien, esto sea probablemente el primer caso de cambio climático forzado».

Fuente: www.lavanguardia.com