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Craneo alargado del Museo de Paracas (Foto David Alvarez-Planas)

Por Xavier Bartlett

Introducción

Desde hace ya tiempo la arqueología nos ha revelado la existencia en el pasado de ciertos individuos con cráneos que –como poco– podríamos calificar de muy inusuales. No se trata exactamente de la típica dolicocefalia, rasgo común en muchas personas aun en la actualidad, sino de cráneos extraordinariamente alargados (o abombados hacia atrás) que se salen de los parámetros habituales. La arqueología y la antropología convencionales han explicado la existencia de tales cráneos en el marco de una antigua costumbre de diversos pueblos primitivos de alargar artificialmente el cráneo mediante la aplicación de un entablillado[1] en los niños pequeños, de tal modo que según va creciendo la criatura, el cráneo –sometido a fuerte presión– se ve forzado a tomar una forma marcadamente achatada o alargada. Esta práctica estuvo extendida en diversos puntos del globo hasta épocas muy recientes, desde el Congo (África) hasta la Melanesia, en el Pacífico.

Hasta aquí podríamos decir que “todo normal”, pero lo que ocurre es que varios autores alternativos han señalado que, aun reconociendo que este fenómeno cultural existe desde hace siglos y no admite discusión, en muchos casos de cráneos hallados en antiguas tumbas, el volumen craneal es espectacularmente más grande que el del Homo sapiens normal, hasta el punto de poder hablar de cabezas cónicas. Dicho de otro modo, el entablillado puede modificar la forma original del cráneo pero no aumentar su tamaño, esto es, no justifica que éste tenga un volumen bastante superior al habitual.

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La noticia fue dada a conocer por Frederic Gio Dog el director de la misión conjunta franco-egipcia que encontró unos silos que contenían huesos de animales y herramientas de cerámica y piedra en la zona de Tell al-Samara en la provincia de El Dakahlia, a unos 145 kilómetros al norte de El Cairo.

Los restos hallados confirman la presencia de asentamientos humanos hacia el 5000 aC. es decir, unos 2.500 años antes de la construcción de las pirámides de Gizeh, según la datación oficial y revelarían la presencia de una comunidad de la que no se tenía conocimiento alguno hasta la fecha.

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Machu Pichu: la ciudad perdida de los Incas

Por Xavier Bartlett

Todos los aficionados a la arqueología alternativa saben que uno de los caballos de batalla más firmes de sus tesis heréticas es el tema de las civilizaciones desaparecidas (una o varias), argumento que tal vez permitiría entender algunas cosas que aún hoy en día resultan oscuras o confusas desde el punto de vista arqueológico. Para resumir, podríamos decir que hay dos enfoques principales sobre esta cuestión. Por un lado, están los que abogan por una civilización que data de hace unas decenas de miles de años –encarnada principalmente en el mito de la Atlántida– y que resultó destruida por un enorme cataclismo hace unos 12.000 años, como ya expuse en el artículo reciente sobre catastrofismo. Por otro lado, están los que adoptan una perspectiva de historia cíclica y que creen que ha habido varias humanidades que han nacido, prosperado y desaparecido en ciclos de tiempo muy extensos, llegando incluso a varios millones de años, tal como afirma la tradición védica hindú, y que ha tenido eco en autores occidentales tan conocidos como Michael Cremo.

Por lo demás, tampoco hay una idea muy definida de cómo podrían haber sido esas humanidades pasadas e ignotas. En algunos casos, recogidos por Cremo, se habla de presencia de restos de Homo sapiens (u homínidos anatómicamente modernos) con antigüedades de hace algunos millones de años, pero sin estar claramente asociados a una cultura material determinada. Más bien parece que esos hipotéticos hombres de eras remotas vivirían o bien en una supuesta Edad de Piedra o bien en un estadio de civilización primitivo. No obstante, algunos supuestos objetos sofisticados o avanzados de incierta datación –los famosos ooparts– empujarían a pensar que los humanos de esos tiempos tenían una civilización tecnológica similar a la nuestra o incluso más adelantada. En esta misma línea también cabe mencionar las visiones del psíquico americano Edgar Cayce en las que hablaba de tecnología de cristales y otros poderes que no estarían al alcance de la humanidad actual. Este tipo de especulaciones de algún modo enlazaría con el viejo debate sobre los prodigios de algunas obras megalíticas, asunto polémico que he abordado frecuentemente en este blog (https://laotracaradelpasado.blogspot.com)

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Asteroide entrando en la atmosfera terrestre

Unas tallas de piedra confirman que un cometa golpeó la tierra alrededor del 11.000 AC, un acontecimiento devastador que aniquiló los mamuts lanudos y precipitó el surgimiento de civilizaciones.

Expertos de la Universidad de Edimburgo analizaron los misteriosos símbolos tallados en los pilares de piedra en Göbekli Tepe, en el sur de Turquía, para averiguar si podían estar vinculados a constelaciones.

Las marcas sugieren que un enjambre de fragmentos de cometa chocó contra la Tierra al mismo tiempo que se produjo una mini-edad de hielo, cambiando todo el curso de la historia humana.

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Los científicos han detectado 30 rocas intactas y fragmentos de otras 60, levantadas hace 4.500 años

New Stonehenge

Arqueólogos británicos han descubierto, a apenas tres kilómetros de Stonehenge y enterrado a un metro de profundidad, los restos de un inmenso monumento megalítico formado por 90 rocas de hasta 4,5 metros de altura, originalmente dispuestas en un semicírculo de un kilómetro y medio de circunferencia. El hallazgo, anunciado en el Festival Científico de Bradford, constituye “el mayor monumento de piedra que jamás se ha descubierto en Reino Unido y posiblemente en Europa”, según el arqueólogo Vince Gaffney, al frente de la investigación.

Sin necesidad de excavar, utilizando tecnologías para la investigación subterránea, incluido un sofisticado radar, los científicos han detectado 30 rocas intactas y fragmentos de otras 60. Calculan que la estructura pudo haberse levantado hace más de 4.500 años, en la misma época en se construyó Stonehenge, y que el conjunto pudo constituir un gigantesco complejo ceremonial.
Descubrimiento en Stonehenge

La estructura recién descubierta se cree que formaba el perímetro de una especie de circo para rituales, apoyado en una depresión natural del terreno, rodeado de un foso de 17 metros de ancho y encarado al río Avon. El descubrimiento, según sus responsables, abre una fabulosa puerta al conocimiento de la cultura neolítica en las islas británicas.

Se cree que, en algún momento, los custodios del supuesto complejo ceremonial de Durrington Walls, donde se encuentran Stonehenge y la nueva estructura, decidieron tumbar las rocas de esta última y cubrirlas con tierra. No se sabe, por el momento, cuánto tiempo permaneció en pie.

El hallazgo se suma a los realizados hace ahora un año, que descubrieron un complejo de templos y tumbas bajo Stonehenge. Paul Garwood, arqueólogo de la universidad de Birmingham participante en el proyecto, asegura que los nuevos descubrimientos pueden cambiar drásticamente lo que se daba por hecho sobre este conjunto neolítico. “Todo lo que se ha escrito sobre el paisaje de Stonehenge y los monumentos antiguos que alberga”, advierte, “va a tener que ser reescrito”.

Stonehenge site

Visión aérea de Stonehenge y sus alrededores

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/09/07/ciencia/1441632390_754339.html