Agua potable

Beber agua pura todos los días es un componente clave para la salud óptima, sin embargo, más de mil millones de personas en el planeta no tienen acceso al agua potable, limpia y segura.

No sólo el agua de estos miles de millones de personas está contaminada con organismos infecciosos, sino que probablemente hay toxinas en el agua municipal de la gran mayoría de las personas del planeta.

Dos de los principales contaminantes del agua son las granjas de monocultivos a gran escala y las Operaciones Concentradas de Alimentación de Animales (CAFO). De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental (EPA),1 los estados del país con altas concentraciones de CAFO reportan cada año de 20 a 30 problemas serios en la calidad del agua.

Estas operaciones también agotan los mantos acuíferos de la valiosa agua para beber. La agricultura actualmente utiliza el 70 por ciento del agua limpia mundial.

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Un investigador revela que Monsanto lo sabía desde 1981

 

pesticidas

El glifosato, el ingrediente activo del herbicida Roundup de Monsanto, es uno de los herbicidas más utilizados en el mundo.
Se estima que más de mil millones de libras al año se fumigan en nuestros cultivos alimentarios, lo que provoca que la persona promedio consuma varios cientos de libras de alimentos contaminados con glifosato al año.
¿Cómo puede eso afectar su salud? El Dr. Anthony Samsel experto en la materia revela una serie de efectos adversos del glifosato.
Al leer este artículo, probablemente estará mucho más motivado a eliminar esta toxina perniciosa de su alimentación y tomar medidas para sacarlo de nuestro suministro de alimentos con el fin de que todas las personas queden protegidas.
El Dr. Samsel es un científico investigador apasionado en la jardinería y agricultura, haciéndolo especialmente adecuado para la investigación sobre el glifosato. «Estuve con el investigador Arthur D. Little (ADL) en Cambridge, Massachusetts durante muchos años trabajando como investigador científico en muchos tipos de proyectos, desde desarrollando productos hasta ciencias ambientales y más tarde cambie a las ciencias de la salud», dice.

Él también ha hecho trabajos para la Agencia de Protección Ambiental (EPA), y al ser un experto en materiales, ha trabajado para el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (USACE por sus siglas en inglés), Marina de los Estados Unidos (USN por sus siglas en inglés) y la Guardia Costera de los Estados Unidos (USCG por sus siglas en inglés).
Por ejemplo, el Dr. Samsel fue uno de los autores del manual de Chemical Hazard Response Information System (CHRIS) para la Guardia Costera de Estados Unidos. Él es también un valioso colaborador de los comentarios de nuestros artículos.
Además de su carrera científica, también tiene y gestiona varias granjas en New England y fue esta experiencia la que lo motivo a empezar a investigar los efectos del glifosato.

El Dr. Samsel declara:

«Empecé a usar glifosato en mis cultivos comerciales y mis propiedades allá por los años 70 o principios de los años 80, cuando recién llego al mercado.

«Yo, al igual que resto de los agricultores y la gente de todo el mundo, me deje llevar por la publicidad, de que el glifosato es tan seguro como la sal y que se descompone en productos químicos inofensivos que no causan ningún daño. Yo creía todo eso hasta que empecé a estudiar la sustancia química.

Al ser un investigador científico, químico, sabía lo que tenía que buscar. Al haber trabajado en la salud pública, tenía conocimiento de cómo los productos químicos tenían efectos sobre el cuerpo humano y en los animales. Así que empecé a enfocarme en ello desde ese punto.
En cuanto a mi propia salud, comencé a sufrir los efectos. Eso es lo que me puso en el camino a investigar este producto químico porque yo lo estaba utilizando.»

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Las investigaciones de Konstantin Korotkov, doctor en Física y catedrático de la Universidad de San Petersburgo, confirman el biocampo, objeto psicofísico visible con imagen electrofotónica.

Eso hace cada día la doctora Ana María Oliva, ingeniera industrial y doctora en Biomedicina por la Universidad de Barcelona, que ha llegado ahí tras una vida de búsqueda y experimentación, como explica en Lo que tu luz dice (Sirio), libro a la vez divulgativo e inspirador sobre esta frontera de la ciencia, que le ha enseñado a autorregularse modulando pensamientos y actitudes. Y la más saludable consiste en saber que estás aquí para algo… y que es bueno.

Los seres humanos somos luz, energía mesurable, frecuencias de onda que pueden medirse y a través de las que es posible diagnosticar el estado de nuestros órganos internos, nuestro cuerpo y nuestra mente.  “Como el universo, eres hologramático: cada parte contiene la información del todo”.

En su libro, Ana María Oliva empieza exponiendo algunos datos científicos sobre el campo de energía humano y acaba llegando a la conciencia de que somos mucho más de lo que nos muestran nuestros ojos. En un lenguaje ameno y asequible, nos explica cómo opera la tecnología GDV, una tecnología que permite ver el campo de energía humano y analizarlo, aportando así una valiosa información sobre el estado de salud psicofisiológica de la persona. La autora nos muestra cómo este campo de energía es algo totalmente dinámico, que se modifica en función de cómo percibimos la vida y de cómo la vivimos. Nos muestra el efecto positivo o devastador de un solo pensamiento, de una canción, de una llamada de teléfono, de un insulto o de una emoción. Al tomar conciencia de cómo todo eso cambia nuestro estado energético, y de la influencia directa que tiene sobre nuestra salud, vemos que, aunque algunas cosas nos afectan negativamente, disponemos también de herramientas para modificar nuestro campo energético a voluntad. Y esta es una forma de recuperar el poder sobre nuestra propia vida. Ya no puedes seguir considerándote una víctima. Ahora tienes en tus manos los recursos para llevar una vida más saludable y más feliz.

Todo esto lo explica  en esta magnifica entrevista del periodista Victor M. Amela en “La Vanguardia” y que puede leerse aqui. y también en la entrevista que le hizo Marta Cáceres para el programa “Para todos” de “La 2” de RTVE

 

El pasado mes de septiembre estuve en Perpignan (Francia) visitando el Festival de fotoperiodismo “Visa pour l’image 2014”. Me considero un buen aficionado a la fotografía y un apasionado del Fotoperiodismo. Reconozco que me han marcado profundamente  los trabajos de  fotógrafos como Robert Capa, Cartier-Bressson, Agusti Centelles o los más recientes Steve McCurry,o Kevin Carter, sin olvidar a Samuel Aranda o a la malograda Anja Niedringhaus, cuyas fotografías sobre la guerra de Iraq y Afganistán me dejaron impactado.

En esa visita a Perpignan, pude conocer el trabajo del fotógrafo español Álvaro Ybarra Zavala sobre los desmanes de Monsanto en Argentina. Entonces me prometí que esas fotos que me impresionaron tenía que compartirlas con quienes nos siguen en este blog, por lo que tienen de testimonio y denuncia de unos hechos ignorados por la mayor parte de la opinión pública y porque engarzan perfectamente con los temas que solemos tratar: las conspiraciones farmacéuticas y la connivencia de los poderes públicos.

El cultivo de transgénicos y el uso de productos químicos cada vez más agresivos ha transformado la Industria Agrícola de Argentina. Los casos de cáncer y las malformaciones están aumentando. Una lucha de las poblaciones locales contra un enemigo invisible. Este vídeo muestra las imágenes de “Historia de una tierra herida”, un ensayo fotográfico del periodista Álvaro Ybarra Zavala sobre los terribles efectos de la agricultura de los transgénicos en Argentina. Algunas de las imágenes son impactantes.

Este es el documento y esta es la entrevista efectuada a Alvaro Ybarra en la que explica esta terrible historia y cómo la documentó.

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medicamentos

Allen Frances reconoce que tiene algunos problemas. «Soy olvidadizo, despistado, a veces como compulsivamente…». Pero entre sus haberes está el entrenar cada día su mente y su cuerpo («se me da genial el ejercicio físico»). Quizás por eso nunca ha necesitado medicación para esas alteraciones y también porque, como dice, tiene muy presente que están directamente relacionadas con la cotidianidad del ser humano.

Frances lleva décadas dedicado a su profesión: la Psiquiatría. Desde 1980 ha estado involucrado en la preparación del DSM, el manual estadounidense donde se recogen los diagnósticos de las enfermedades mentales. Colaboró en su tercera edición y dirigió la cuarta y, aunque en las últimas décadas ha ido marcando las pautas para psiquiatras de todo el mundo, fue la quinta edición -en la que él no estuvo presente- la más criticada y la que más controversia generó, ya que se quisieron categorizar como enfermedades problemas que para muchos expertos no eran una enfermedad real. Gracias al debate generado en torno a este manual, su desarrollo se modificó y eliminó los diagnósticos más controvertidos como la adicción al sexo. Sin embargo, algunas patologías recogidas en esta última versión siguen estando en el punto de mira de muchos especialistas que sostienen que sólo van a contribuir a psiquiatrizar más la sociedad.

Como explica a este periódico Frances, de visita en Madrid por la publicación en España de su libro ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría (Ariel), según el DSM V, «yo tendría un trastorno neurocognitivo menor, porque a medida que me voy haciendo mayor se me olvidan las caras, los nombres y dónde he aparcado el coche. Pero aun así, consigo funcionar. También tendría el síndrome de atracones, porque se me da fatal la dieta y como todo lo que veo. Cuando mi mujer murió, habría sufrido el síndrome del trastorno depresivo grave por la tristeza que sentí. Mis nietos padecerían un trastorno de desregulación del humor y déficit de atención. Y la lista podría seguir. Las definiciones de los diagnósticos eran ya de por sí demasiado amplias en el DSM IV y con el quinto se puede llegar a una vida cada vez más medicalizada, y eso incluye la receta médica de pastillas».

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