Montserrat es un enclave mítico: la montaña sagrada de Catalunya.

No en vano, Reichsführer-SS, Heinrich Himmler visitó la abadía benedictina de la montaña de Montserrat en octubre de 1940, en plena II Guerra Mundial. Su objetivo: localizar el Santo Grial que, según los especialistas de la Ahnenerbe, podía estar en el “Mont Serrat”, que identificaban con el Montsalvat que se menciona en Parsifal, aunque otros buscaron (y siguen buscando) el “cáliz sagrado” en las ruinas de Montsegur, en el Pirineo francés.

Pero más allá del mito griálico, la montaña de Montserrat es identificada por algunos estudiosos como un auténtico templo de piedra, un mensaje dejado por una antiquísima civilización perdida.

La investigadora y escritora catalana Carmen Maymó está convencida de que Montserrat es una auténtica biblioteca lítica, un “Arca Santa”, un auténtico “Templo abierto” de conocimiento que escondería el misterio de un origen remoto.

La «Roca Foradada» en la montaña de Montserrat
(Foro David Alvarez-Planas)

Carmen inició sus trabajos hace más de venticinco años, empujada por una de esas “radiaciones de certeza”, como ella llama a esa especie de epifanía que surge en ocasiones y te indica el camino que la razón debe seguir en busca de respuestas.

Fruto de esos largos e intensos años de investigación, no sólo en textos, archivos y bibliotecas sino -muy especialmente- sobre el terreno, pisando los intrincados caminos que discurren por esa montaña mágica, nace una obra soberbia: “El Templo Abierto de Montserrat”, un documentado libro de más de 300 páginas, magníficas fotografías y lleno de sorpresas.

Especulativo para unos, revelador para otros, será el lector el que juzgue, pero lo cierto es que las propuestas que Carmen Maymó hace en esta obra, bien estructurada y mejor documentada, no le dejarán indiferente.

Y no perdamos de vista que, siguiendo las investigaciones de Daniel Ruzo, en otras partes del mundo encontramos esos “templos de piedra de una humanidad desaparecida”. Como en Marcahuasi en Perú o en Tepoztlan, en México, entre otros lugares.

Y conectándolo todo es cuando el lector sin prejuicios se plantea seriamente si, como dice Carmen, Montserrat, a parte de un enclave mágico es un enorme mensaje pétreo dejado por los “dioses” de un remoto y perdido tiempo pasado.

David Álvarez-Planas

 


Para saber más:

Web oficial de Carmen Maymó

Pedro Riba entrevista a Carmen Maymó en su programa “Luces en la Oscuridad”

Montserrat, la montaña sagrada de Cataluña por Octavi Piulats

(El Templo abierto de Montserrat (Libro de Carmen Maymó a la venta en Amazon)
(Enlace no afiliado)

Las extrañas figuras de un mundo perdido

por David Alvarez-Planas

acambaro

Acámbaro es una ciudad de unos 55.000 habitantes situada en el estado mejicano de Guanajuato a apenas 300 km al noroeste de México DF.

En julio de 1945, mientras efectuaba un paseo a caballo por las afueras de la ciudad, el comerciante de origen alemán Waldermar Julsrud, que contaba en aquel entonces 69 años, descubrió unos fragmentos de cerámica aparentemente antigua que las recientes lluvias habían dejado desenterradas. Siendo como era un apasionado de la arqueología, Julsrud ordenó a un albañil del pueblo, Odilón Tinajero que con algunos trabajadores, inspeccionara la zona en busca de otros restos antiguos.

Se inicia de este modo uno de los hallazgos más fascinantes y controvertidos del último siglo. Entre 1945 y 1952, Tinajero y sus hombres ponen al descubierto más de 33.000 objetos que representan figuras humanas de diversas razas que en ocasiones parecen luchar con criaturas que recuerdan a los dinosaurios. ¿Dinosaurios? La ciencia nos dice que los dinosaurios desaparecieron de la faz de la Tierra hace 65 millones de años, mucho antes de que el primer ancestro de los hombres bajase siquiera de los árboles. Una nueva herejía estaba servida.

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por Xavier Bartlett

Introducción

Lamentablemente, la historia de la ciencia está llena de episodios oscuros de intransigencia, dogmatismo y acoso hacia ciertas opiniones minoritarias que no encajaban con lo que dictaba la ortodoxia del momento. El ámbito concreto de la historia y la arqueología no ha sido ajeno a este tipo de actitudes persecutorias, generalmente orientadas a desacreditar los trabajos de los investigadores independientes, también llamados outsiders. Sin embargo, esto sólo es una parte de un escenario mucho más amplio, que nos lleva a considerar que de hecho hay muchos más trapos sucios dentro de la propia institución científica.

Por supuesto, tales trapos muy raramente salen a la luz más allá de unos círculos muy restringidos, o sea, más o menos en el ámbito de los propios afectados. Todo lo más, se tiene noticia de la existencia de algunas personalidades o corrientes minoritarias que en su momento propusieron cosas quizá demasiado “arriesgadas” y no obtuvieron el apoyo de sus colegas y por tanto quedaron fuera del consenso científico, que de hecho no es más que un punto común de acuerdo, en modo alguno una verdad científica absoluta. En todo caso, en la universidad, al igual que en la escuela, se ofrece la versión estándar de la mayoría y todos aquellos que quedaron fuera del paradigma por diversos motivos simplemente no son citados; es como si nunca hubieran existido.

Ahora bien, dicho esto, no estamos ante una simple cuestión de quedarse al margen por ir a contracorriente. Evidentemente, la ciencia va ampliando horizontes y muchos conocimientos pueden resultar erróneos o quedar obsoletos por diversos motivos y por tanto se van quedando atrás. Admitiendo esta premisa, debe quedar claro que no se trata exactamente de esto; más bien estaríamos hablando de la aplicación de un patrón de pensamiento único que anula sistemáticamente determinadas visiones que no concuerdan con el marco teórico establecido. Esta situación fue perfectamente descrita en el libro de Michael Cremo y Richard Thompson Forbidden Archaeology (“Arqueología prohibida”), una obra alternativa que –a pesar de sus muchos prejuicios, errores y carencias de todo tipo– puso de manifiesto que cierta parte de la investigación arqueológica de los últimos 150 años fue condenada al ostracismo por contrariar las tesis imperantes, sobre todo en lo referente al evolucionismo darwiniano.

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Craneo alargado del Museo de Paracas (Foto David Alvarez-Planas)

Por Xavier Bartlett

Introducción

Desde hace ya tiempo la arqueología nos ha revelado la existencia en el pasado de ciertos individuos con cráneos que –como poco– podríamos calificar de muy inusuales. No se trata exactamente de la típica dolicocefalia, rasgo común en muchas personas aun en la actualidad, sino de cráneos extraordinariamente alargados (o abombados hacia atrás) que se salen de los parámetros habituales. La arqueología y la antropología convencionales han explicado la existencia de tales cráneos en el marco de una antigua costumbre de diversos pueblos primitivos de alargar artificialmente el cráneo mediante la aplicación de un entablillado[1] en los niños pequeños, de tal modo que según va creciendo la criatura, el cráneo –sometido a fuerte presión– se ve forzado a tomar una forma marcadamente achatada o alargada. Esta práctica estuvo extendida en diversos puntos del globo hasta épocas muy recientes, desde el Congo (África) hasta la Melanesia, en el Pacífico.

Hasta aquí podríamos decir que “todo normal”, pero lo que ocurre es que varios autores alternativos han señalado que, aun reconociendo que este fenómeno cultural existe desde hace siglos y no admite discusión, en muchos casos de cráneos hallados en antiguas tumbas, el volumen craneal es espectacularmente más grande que el del Homo sapiens normal, hasta el punto de poder hablar de cabezas cónicas. Dicho de otro modo, el entablillado puede modificar la forma original del cráneo pero no aumentar su tamaño, esto es, no justifica que éste tenga un volumen bastante superior al habitual.

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La noticia fue dada a conocer por Frederic Gio Dog el director de la misión conjunta franco-egipcia que encontró unos silos que contenían huesos de animales y herramientas de cerámica y piedra en la zona de Tell al-Samara en la provincia de El Dakahlia, a unos 145 kilómetros al norte de El Cairo.

Los restos hallados confirman la presencia de asentamientos humanos hacia el 5000 aC. es decir, unos 2.500 años antes de la construcción de las pirámides de Gizeh, según la datación oficial y revelarían la presencia de una comunidad de la que no se tenía conocimiento alguno hasta la fecha.

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Machu Pichu: la ciudad perdida de los Incas

Por Xavier Bartlett

Todos los aficionados a la arqueología alternativa saben que uno de los caballos de batalla más firmes de sus tesis heréticas es el tema de las civilizaciones desaparecidas (una o varias), argumento que tal vez permitiría entender algunas cosas que aún hoy en día resultan oscuras o confusas desde el punto de vista arqueológico. Para resumir, podríamos decir que hay dos enfoques principales sobre esta cuestión. Por un lado, están los que abogan por una civilización que data de hace unas decenas de miles de años –encarnada principalmente en el mito de la Atlántida– y que resultó destruida por un enorme cataclismo hace unos 12.000 años, como ya expuse en el artículo reciente sobre catastrofismo. Por otro lado, están los que adoptan una perspectiva de historia cíclica y que creen que ha habido varias humanidades que han nacido, prosperado y desaparecido en ciclos de tiempo muy extensos, llegando incluso a varios millones de años, tal como afirma la tradición védica hindú, y que ha tenido eco en autores occidentales tan conocidos como Michael Cremo.

Por lo demás, tampoco hay una idea muy definida de cómo podrían haber sido esas humanidades pasadas e ignotas. En algunos casos, recogidos por Cremo, se habla de presencia de restos de Homo sapiens (u homínidos anatómicamente modernos) con antigüedades de hace algunos millones de años, pero sin estar claramente asociados a una cultura material determinada. Más bien parece que esos hipotéticos hombres de eras remotas vivirían o bien en una supuesta Edad de Piedra o bien en un estadio de civilización primitivo. No obstante, algunos supuestos objetos sofisticados o avanzados de incierta datación –los famosos ooparts– empujarían a pensar que los humanos de esos tiempos tenían una civilización tecnológica similar a la nuestra o incluso más adelantada. En esta misma línea también cabe mencionar las visiones del psíquico americano Edgar Cayce en las que hablaba de tecnología de cristales y otros poderes que no estarían al alcance de la humanidad actual. Este tipo de especulaciones de algún modo enlazaría con el viejo debate sobre los prodigios de algunas obras megalíticas, asunto polémico que he abordado frecuentemente en este blog (https://laotracaradelpasado.blogspot.com)

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Un asteroide en trayectoria de entrada en la Tierra

 

Por Redacción DogmaCero

Unas tallas de piedra confirman que un cometa golpeó la tierra alrededor del 11.000 AC, un acontecimiento devastador que aniquiló los mamuts lanudos y precipitó el surgimiento de civilizaciones.

Expertos de la Universidad de Edimburgo analizaron los misteriosos símbolos tallados en los pilares de piedra en Göbekli Tepe, en el sur de Turquía, para averiguar si podían estar vinculados a constelaciones.

Las marcas sugieren que un enjambre de fragmentos de cometa chocó contra la Tierra al mismo tiempo que se produjo una mini-edad de hielo, cambiando todo el curso de la historia humana.

Los científicos han especulado durante décadas que un cometa podría estar detrás de la repentina caída de la temperatura durante un período conocido como el Dryas Reciente (1). Pero recientemente la teoría parecía haber sido desmentida por la nueva datación de los cráteres de meteoritos en América del Norte, donde se cree que el cometa había caído.

Sin embargo, cuando los ingenieros estudiaron las tallas de animales hechas en un pilar -conocido como la piedra del buitre – en Göbekli Tepe descubrieron que las criaturas eran realmente símbolos astronómicos que representaban las constelaciones y un cometa.

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Pirámide maya de Chichen Itza

El 26 de julio pasado comenzó, para los mayas, un nuevo año, y lo hizo bajo el sello Luna Cósmica Roja. Estos pueblos indígenas mesoamericanos que vivieron hace tres mil años atrás contaron con grandes astrónomos; de hecho, la comprensión que tenían acerca de los astros siguen sorprendiendo a los científicos. Esta sabia cultura realizó una medición del tiempo basada en cálculos matemáticos complejos que sincronizaban ciclos biológicos, culturales y galácticos.

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por Redacción DogmaCero

Un equipo internacional de arqueólogos, utilizando tumografia de muones, ha descubierto una nueva cámara hasta ahora oculta en la Gran Pirámide

Hace pocos días la noticia saltó a la actualidad a través de un estudio publicado en la revista Nature en la que se hacia eco de la investigación de un equipo internacional de arqueólogos dirigidos por el japonés Kunihiro Morishima de la Universidad de Nagoya y con la colaboración internacional de la misión científica Scan Pyramids.

En dicho estudio los investigadores explicaban que, tras analizar las imágenes obtenidas mediante una sofisticada técnica de tomografía de muones, llegaban a la conclusión de que existía una cámara en el interior de la Gran Pirámide, hasta ahora desconocida. De hecho, el mismo Morishima ha declarado que «cavidad no había sido conocida por nadie hasta el presente desde la construcción de la pirámide hace 4.500 años». Dicha cámara tendría unos 30 metros de largo y presentaría una sección transversal similar a la de la Gran Galería, localizada debajo de esta nueva cámara descubierta ahora.

 

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Su contenido no ha sido descifrado: «Quizás la información que contenían las tablas debía protegerse y conservarse para la posteridad “

por Redacción DogmaCero

El pasado 23 de octubre, la web de la Universidad de Tübingen (Alemania) anunciaba el descubrimiento por parte de un equipo de arqueologos del Instituto de Estudios del Cercano oriente, encabezados por el pofesor Peter Pfälzner, de 93 tablillas de arcilla que datarían del 1250 aC el período del Imperio Asirio Medio. El contenido de dichas tablillas sigue siendo un misterio por el momento y los investigadores tienen ante si un difícil reto para descifrarlas. Lo más curioso de este descubrimiento es que las tablillas, cuyo significado se desconoce, se hallaban en el interior de un recipiente de cerámica que se debió utilizar a modo de archivador. El descubrimiento se realizó en la zona kurda de Iraq, en el sitio arqueológico de la ciudad de Bassetki, un asentamiento de la Edad de Bronce que se fundó hacia el 3000 aC, que fue descubierta en 2013 por arqueólogos de la Universidad de Tübingen.

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