El pasado mes de septiembre estuve en Perpignan (Francia) visitando el Festival de fotoperiodismo “Visa pour l’image 2014”. Me considero un buen aficionado a la fotografía y un apasionado del Fotoperiodismo. Reconozco que me han marcado profundamente  los trabajos de  fotógrafos como Robert Capa, Cartier-Bressson, Agusti Centelles o los más recientes Steve McCurry,o Kevin Carter, sin olvidar a Samuel Aranda o a la malograda Anja Niedringhaus, cuyas fotografías sobre la guerra de Iraq y Afganistán me dejaron impactado.

En esa visita a Perpignan, pude conocer el trabajo del fotógrafo español Álvaro Ybarra Zavala sobre los desmanes de Monsanto en Argentina. Entonces me prometí que esas fotos que me impresionaron tenía que compartirlas con quienes nos siguen en este blog, por lo que tienen de testimonio y denuncia de unos hechos ignorados por la mayor parte de la opinión pública y porque engarzan perfectamente con los temas que solemos tratar: las conspiraciones farmacéuticas y la connivencia de los poderes públicos.

El cultivo de transgénicos y el uso de productos químicos cada vez más agresivos ha transformado la Industria Agrícola de Argentina. Los casos de cáncer y las malformaciones están aumentando. Una lucha de las poblaciones locales contra un enemigo invisible. Este vídeo muestra las imágenes de “Historia de una tierra herida”, un ensayo fotográfico del periodista Álvaro Ybarra Zavala sobre los terribles efectos de la agricultura de los transgénicos en Argentina. Algunas de las imágenes son impactantes.

Este es el documento y esta es la entrevista efectuada a Alvaro Ybarra en la que explica esta terrible historia y cómo la documentó.

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medicamentos

Allen Frances reconoce que tiene algunos problemas. «Soy olvidadizo, despistado, a veces como compulsivamente…». Pero entre sus haberes está el entrenar cada día su mente y su cuerpo («se me da genial el ejercicio físico»). Quizás por eso nunca ha necesitado medicación para esas alteraciones y también porque, como dice, tiene muy presente que están directamente relacionadas con la cotidianidad del ser humano.

Frances lleva décadas dedicado a su profesión: la Psiquiatría. Desde 1980 ha estado involucrado en la preparación del DSM, el manual estadounidense donde se recogen los diagnósticos de las enfermedades mentales. Colaboró en su tercera edición y dirigió la cuarta y, aunque en las últimas décadas ha ido marcando las pautas para psiquiatras de todo el mundo, fue la quinta edición -en la que él no estuvo presente- la más criticada y la que más controversia generó, ya que se quisieron categorizar como enfermedades problemas que para muchos expertos no eran una enfermedad real. Gracias al debate generado en torno a este manual, su desarrollo se modificó y eliminó los diagnósticos más controvertidos como la adicción al sexo. Sin embargo, algunas patologías recogidas en esta última versión siguen estando en el punto de mira de muchos especialistas que sostienen que sólo van a contribuir a psiquiatrizar más la sociedad.

Como explica a este periódico Frances, de visita en Madrid por la publicación en España de su libro ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría (Ariel), según el DSM V, «yo tendría un trastorno neurocognitivo menor, porque a medida que me voy haciendo mayor se me olvidan las caras, los nombres y dónde he aparcado el coche. Pero aun así, consigo funcionar. También tendría el síndrome de atracones, porque se me da fatal la dieta y como todo lo que veo. Cuando mi mujer murió, habría sufrido el síndrome del trastorno depresivo grave por la tristeza que sentí. Mis nietos padecerían un trastorno de desregulación del humor y déficit de atención. Y la lista podría seguir. Las definiciones de los diagnósticos eran ya de por sí demasiado amplias en el DSM IV y con el quinto se puede llegar a una vida cada vez más medicalizada, y eso incluye la receta médica de pastillas».

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