Seti-Home

Los «Telescopios Allen» retomarán su funcionamiento en septiembre u octubre, gracias a los 200.000 dólares recaudados para la investigación.

La actriz Jodie Foster ha sido una de las donantes más generosas, en conciencia con el proyecto desde su papel en ‘Contact’.

El Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) reinicia su actividad para hallar vida inteligente en el universo a través del Conjunto de Telescopios Allen (ATA), que cuenta con 42 antenas.

 

La actriz Jodie Foster implicada en la investigación espacial

Esta decisión llega tras una campaña de donaciones por las que se ha conseguido reunir 200.000 dólares. El equipo que en 2010 tuvo que renunciar a continuar con su trabajo, recupera ahora sus investigaciones gracias a cerca de 2.400 donantes, entre los que se encuentra la actriz estadounidense Jodie Foster, según ha informado la BBC.

El medio británico señala que desde que Foster protagonizó en 1997 la película ‘Contact‘, en la que interpretó una astrónoma en busca de vida extraterrestre, está muy interesada en el tema. «ATA puede convertir la ciencia ficción en ciencia real, pero tan sólo si se está buscando activamente en el espacio», declaró la actriz en un comunicado.

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Por primera vez se relaciona un dramático cambio climático global que acabó con los grandes mamíferos y llevó a los humanos a comer otros alimentos

asteroid-impactPor primera vez se ha relacionado un dramático cambio climático global con el impacto en Quebec, Canadá, de un asteroide o un cometa. Investigadores de la Universidad de Dartmouth, en Hanover, Nuevo Hampshire, Estados Unidos, y sus colegas informan de que un cataclismo acabó con muchos de los grandes mamíferos del planeta y podría haber llevado a los seres humanos a empezar a reunir e incluir como parte de su comida otros alimentos, no sólo los procedentes de la caza mayor.

El impacto se produjo hace unos 12.900 años, al inicio del periodo Joven Dryas o Dryas Reciente, que marcó un cambio global abrupto a un clima frío, más seco, con efectos de largo alcance sobre los animales y los seres humanos. En Norteamérica, los grandes animales desaparecieron, incluyendo mastodontes, camellos, perezosos terrestres gigantes y gatos dientes de sable. Sus cazadores humanos, conocidos por los arqueólogos como el pueblo Clovis, dejaron de lado las lanzas de alta resistencia y se volvieron hacia una dieta de subsistencia de cazadores-recolectores de raíces, bayas y caza menor.

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Durante los últimos 25 años años se ha considerado el CO2 como el único responsable del llamado cambio climático. Cualquier otra teoría era considerado anatema. Sin embargo, si estudiamos la historia del clima veremos que el Sol ha tenido una importancia extraordinaria y esto no puede negarse. No hay duda de que el Sol afecta el clima, pero el dogma científico imperante es otro y la mayoría de la comunidad científica se niega a aceptar algo que es evidente: que cuando el sol es más activo, la temperatura en la Tierra aumenta y viceversa.
Este documental aporta importantes elementos basados en la teoría de Henrik Svensmark,  físico danés, director del Centro de investigación climático-solar en el Instituto danés de investigación espacial (DSRI) en Copenhague, que contradicen el dogma del cambio climático y el enorme negocio montado a su alrededor.
En el número 5 de DogmaCero (septiembre-octubre 2013) publicamos un interesante artículo de  Joel M. Kauffman (Departamento de Quimica y Bioquimica de la facultad de ciencias de la Universidad de Filadelfia, actualmente jubilado) que muestra claramente que la información que recibimos probablemente ni es verdadera ni es incómoda.

DogmaCero número 5 será publicado el 30 de septiembre de 2013.

 

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Pim van Lommel, cardiólogo; investiga experiencias después de la muerte (EDM)

Aceptar. La ciencia ignora o niega cuanto no puede explicar, pero eso no quiere decir que no exista. La vida del doctor Van Lommel es una apuesta por la verdad, por muy inexplicable que parezca, más allá del camino trillado de la ortodoxia. Han pasado diez años desde que hablamos, pero al estrechar su mano en el aeropuerto de Amsterdam (viene de conferenciar en Atlanta) me sonríe como a un viejo amigo y experimento una íntima sensación de paz y seguridad. El doctor Van Lommel se ha asomado al otro lado sin dejarse en éste el sentido común y lo que ha visto es bueno, aunque, para dominarnos, nos hayan infundido el miedo a verlo. Aceptarlo es aceptarnos y sentirse mejor.


Madurar es liberar la conciencia de la edad: he tratado a jóvenes con experiencias después de la muerte más maduros que yo. Mi padre era neurólogo y yo quise ser físico: ahora estudio física cuántica para entender qué sucede tras la muerte. La fe es otro camino a la verdad.

Cuando enseñaba Cardiología en el hospital de Arnheim -800 camas- ya investigaba cómo algunos pacientes, tras infarto y muerte clínica, volvían a vivir.

Hasta que en 1986 leí el testimonio de un estudiante de Medicina, George Ritchie, que resucitó tras nueve minutos de muerte clínica. Me impresionó tanto que empecé a estudiar en profundidad esos casos.

¿Tantos había?

En 1988 ya tenía doce episodios incuestionables y creé una red de investigación con otros diez hospitales holandeses. Iniciamos un estudio clínico prospectivo de 344 pacientes, que publicó The Lancet (2001).

Causó un impacto mundial.

Tanto que ya le avancé entonces, cuando usted me entrevistó, que, tras 31 años de cardiología, me iba a dedicar en exclusiva a las experiencias cercanas a la muerte (EDM).

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TRAS LA MUERTE CLÍNICA SU ACTIVIDAD ES MAYOR

Las sensaciones narradas por personas que han sobrevivido a un coma o a una muerte clínica, conocidas como experiencias cercanas a la muerte (ECM), se han documentado desde hace décadas y en todo el mundo. Pese a ello, el interés sobre las mismas se ha multiplicado desde la publicación, el pasado otoño, de La prueba del cielo: El viaje de un neurocirujano a la vida después de la vida (Zenith) un libro superventas en el que el doctor Eben Alexander narra su supuesta experiencia en el más allá durante el tiempo que estuvo en coma.

Las ECM son para muchos la prueba fehaciente de que ni estamos solos, ni la muerte es el final de nuestra vida. Pero, para muchos otros –inlcuida la mayor parte de la comunidad científica– no tienen nada que ver con el más allá, una idea que ahora parece confirmarse gracias a un estudio de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos. La investigación, publicada hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, demuestra que, tras la muerte clínica, en la que el corazón deja de latir y la sangre no fluye al cerebro, los mamíferos muestran patrones de actividad cerebral con características de percepción consciente.

“Este estudio, realizado en animales, es el primero en detectar qué ocurre con el estado neurofisiológico cuando el cerebro muere”, explica la autora del mismo, Jimo Borjigin, profesora de Neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan. “Al demostrar que en las experiencias cercanas a la muerte se da una actividad cerebral bien organizada y que hay características neurofisiológicas consistentes con el proceso consciente, nuestro estudio puede ser la base de futuras investigaciones que expliquen por qué las experiencias relatadas por los supervivientes de experiencias cercanas a la muerte son tan lucidas y parecen tan reales”.

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