Incidente en Venado Tuerto: más allá de “Testigo de otro mundo”

El Caso Juan Oscar Pérez

El 6 de setiembre de 1978, en la estancia La Victoria, en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, Argentina, tuvo lugar un incidente, un encuentro cercano, por utilizar la terminología ufológica, que cambió la vida de un muchacho que por aquel entonces contaba 12 años de edad: Juan Oscar Pérez, que al cabo de 40 años mereció ser el protagonista de la película documental dirigida por el argentino Alan Stivelman, “Testigo de otro mundo”.

Su experiencia, no fue un caso aislado en ese lugar y esas fechas, sino que se incardina en una trilogía que, examinadas en su conjunto, parece indicar que estamos ante tres episodios de un único caso.

El 6 de setiembre de 1978 Juan tenía 12 años, y pertenecía a una familia de gente sencilla y amable, siempre dispuesta a compartirlo todo y que dedicaba su tiempo y su trabajo a las tareas del campo en la estancia La Victoria, en Venado Tuerto, a unos 400 km. al oeste de Buenos Aires.

Por la mañana muy temprano, el padre de Juan le manda salir a reunir a los caballos que pastan libremente en la finca.

  • Como era el más chico, me tocaba a mi hacer aquella tarea -recuerda- así que ensille a “Cometa”, que así lo llamábamos porque tenía una cola larga, que nunca se le había cortado, como sí era habitual en otros caballos.

Aquella mañana había una neblina espesa, algo bastante frecuente en esa zona, así que Juan cabalga en dirección a los molinos y, pese a que cuando llega puede oír los cencerros que llevan los caballos, la niebla impide verlos.

Ya desde pequeño a Juan le gustaban los tractores así que cuando, entre la niebla, cree ver lo que parecía la cabina de un tractor, le llama la atención y se acerca a ella. Pero cuando llega, ve que esa “cabina” es muy rara. De hecho, comprueba que no es una cabina como pensaba.

Juan cabalgaba entre la niebla cuando, de pronto ve como una especie “cabina” brillante
  • En ese momento recuerdo que sentía gran curiosidad, no miedo. En cambio “Cometa” parecía asustado y rebufaba. Yo estaba acostumbrado a montar, así que lo “crucé” y le obligué a seguir,

De pronto, la niebla se disipa y Juan mira al cielo que aparece completamente claro. Mira hacia la “cabina” y observa sorprendido que alrededor de la misma y encima suyo tampoco hay niebla. Es algo muy extraño y es entonces cuando se da cuenta de que realmente se trata de una especie de nave.

Juan, que sigue sin sentir miedo alguno, se acerca y ve una puerta desde la que descendía una escalera hacia el suelo.

  • Yo tenía ganas de ver que había ahí arriba. Era una escalera que tenía los escalones muy separados y giraban, como un rodillo.

Juan ató a Cometa a la escalera, que parecía como suspendida ya que no podía ver sobre qué se apoyaba. Trepó hacia arriba, donde había lo que parecía una puerta corrediza. Y entonces la puerta se abrió

  • Estoy en el umbral de la puerta, trato de entrar para ver que hay ahí dentro. No tenía miedo. Cometa tenía un buen bozal y un buen cabestro porque era un caballo manso pero travieso; estaba muy inquieto, asustado, dando saltos

La nave tenía forma de sombrero, redondo en su parte superior. Tenía luces alrededor y también en su interior. De hecho, parecía que la luz salía de dentro de la nave, pero no podía ver de dónde exactamente, no había focos ni nada por el estilo. La luz era uniforme, de color blanco, aunque con todos amarillos, medio rojizos. Era una luz que al testigo le pareció muy extraña, como nunca antes había visto.

Entonces la puerta se abre y Juan puede ver su interior: hay un tipo alto y otro más pequeño. Con la inocencia de un adolescente de 12 años y con una enorme curiosidad, Juan intenta entrar, pero no puede, una especie de cristal invisible se lo impide

  • Ellos cruzaban de un lado a otro de la nave, yo quise entrar y chocaba, como con un vidrio, pero ellos atravesaban ese vidrio ¿Cómo lo hacían?

Cuando se le pregunta por esos “seres” Juan los recuerda perfectamente:

  • Parecían robots, sus movimientos no eran como los nuestros, parecía que sólo podían mover la cabeza y los brazos que se escondían. No movían los pies al caminar, parecía como que flotasen. El más alto le pasaría a mi caballo como un metro y yo tenía que mirar hacia arriba para verle, el otro mediría un metro. Era flaco pero grueso y estaban vestidos con una especie de traje de cuero brillante, sin costuras, muy apretado.

En un momento dado, el más alto se quita el guante de una de sus manos y Juan puede observar los dedos de su mano que no son como los nuestros. Recuerda que las manos eran grandes, pero no puede asegurar si tenían 5 ó 6 dedos que eran largos y grandes, pero no vio que tuviesen uñas, además, el dedo de en medio era igual de largo que los otros.

En el interior de la nave todo parecía brillar. Hasta en dos ocasiones intentó acercarse hasta donde estaba el ser más alto pero una espera de cristal invisible se lo impide. Juan pregunta cómo puede pasar, dónde está la puerta, pero le ignoran.

El interior de la nave debería medir unos 10 metros de perímetro aproximadamente, según recuerda el testigo. Juan observa al ser más bajo que está a su izquierda y que, inclinado sobre una mesa que sale de la pared, parece estar trabajando con algo que Juan identifica como carne de vacuno. Sus manos van cambiando de manera que, si había huesos, tenía como martillos que utilizaba para golpear y si había carne, tenía tenazas y tijeras. También pudo ver lo que parecía un hacha, pero como dentada. El ser metía la carne en un recipiente grande, una especie de “tarro” que estaba a su derecha y que hacía ruido. Parte de ese recipiente se metía en el interior de la nave y luego, a unos 30 o 40 centímetros de ese “tarro” salía un conducto, una especie de manguera, que iba conectada a la cara del ser más alto, en una especie de máscara que le cubría toda la cara.

En el interior de la nave había dos seres uno alto y otro más bajo trabajando en una mesa que salia de la pared
  • Cuando yo estuve ahí arriba quería llegar donde estaba el más grande que tenía como un tablero. Tenía como botones en la parte de arriba pero no supe entender que era.

Es en ese momento cuando Juan nota que la puerta empieza a cerrarse. Se queda parado sobre la puerta y ve al caballo muy nervioso, saltando y dando coces y que parece a punto de cortar el cabestro que lo ata a la escalera.

Y entonces, Juan salta al suelo ya que ve como la escalera estaba empezando a enrollarse. Para atar a “Cometa” a la escalera, había hecho un nudo que se aflojaba si el caballo cedía un poco, pero Juan no podía acercar el caballo para desatarlo, ya que éste estaba muy excitado y, pese a forcejear con él, no podía controlarlo.

Entonces, ve que de la nave sale el ser más alto, agarra con una mano al caballo, entre el cabestro y el bozal, lo sacude como si de un trapo se tratara, sin ningún tipo de esfuerzo, de hecho, lo sostenía sólo con una mano, y consigue dominarlo fácilmente.

  • En ese momento yo tenía la sensación de que nunca me quiso hacer daño ni nada, solo quería cerrar la puerta, no entendí nunca esa parte ya que, si con la fuerza que trataba del caballo, me agarra a mí, me hubiera lastimado mucho. El caballo estaba tan loco… temía que me lastimara y le pedí que me levantara. Yo tenía 12 años y el caballo era grande, pesaría unos 700 kilos

El ser pareció murmurar algo que Juan no entendió y desenfundó uno de los guantes que cubría sus manos. Juan le pedía que lo alzara y le hacía señas en ese sentido, pero, al parecer, el ser no lo entendía. Juan pudo agarrar el guante, era pesado como 4 ó 5 kilos, según declara, y en su interior había gran cantidad de “bolitas” que daban vueltas

El ser más alto tenía como una máscara que tapaba su rostro, conectada a un largo tubo

Cuando el ser se quitó el guante, al testigo le llamo mucho la atención su piel que era de color verdoso, un verde claro. Posteriormente, declaró a un investigador que le recordaba a la piel de un bagre.

  • Seguí insistiendo que me alzara para subirme al caballo que estaba como loco para escapar. El agarró fuerte al caballo y me di cuenta que donde pisaba la tierra se hundía, era un ser pesado, dejaba la pisada, y ahí parecía caminar igual que nosotros, con todos los movimientos.

Finalmente, Juan consigue poner un pie en el estribo para montar, intentando que “Cometa”, nervioso como estaba, no le pisara el pie que tenía en el suelo y le hace señas al ser para que le ayude a subirse. El ser lo agarra de un brazo y lo alza “como si fuera una mosca”. Entonces Juan notó como una quemazón, una molestia en el brazo izquierdo por el que le había agarrado el ser.

Una vez montado a “Cometa”, toma las riendas, se da media vuelta y sale a toda prisa en dirección a la estancia. Es entonces cuando, en medio de la niebla, puede ver otra nave estacionada y otra más que parece seguirle, justo encima suyo.

Juan cabalga a toda velocidad mientras una nave se sitúa a su derecha y otra a su izquierda. A él sólo le preocupaba el hecho de que llevaba mucho tiempo ausente y que todavía debía reunir a toda la “tropilla” de caballos y regresar a la estancia.

Mientras cabalgaba hacia la estancia, extrañas “sondas” persiguierona Juan y a Cometa

Las naves parecían perseguirlo, estaban casi encima de su cabeza. Fue en ese momento, cuando estaba a unos 1000 metros de la estancia cuando, por primera vez, a Juan le invadió un miedo que aún hoy le dura. Pero, pese a que le hicieron esa herida en el brazo, que aún hoy perdura, nunca penso que hubiera intención alguna de dañarle.

  • (Los objetos) Me corrieron, me pasaban muy cerca, dos veces se me cruzaron delante. El de la izquierda era como una pelota, pero a la que le faltaba la mitad, el otro era como cuadrado, grande, tendría dos metros, se veía a media altura en medio de la neblina; estaba pegado al otro. Esa cosa pasó dos veces por encima mío. El caballo estaba desesperado, yo estaba acalambrado por el miedo. La tercera vez me paso muy cerca, me tocó. En un momento dado, el caballo y yo casi nos caemos. Estábamos cerca de la estancia yo quería llegar a un pequeño bosque de eucaliptos para esconderme entre los árboles.

Cuando Juan pasa a toda velocidad por ahí, ve a sus hermanas, ordeñando las vacas, lo que hacían cada día antes de ir a la escuela. Al cruzar disparado con el caballo, se derramo toda la leche. Sin embargo, sus hermanas no pudieron ver las naves pues éstas se habían perdido ya entre la niebla.

Cuando finalmente Juan llega a su casa y les cuenta lo sucedido, nadie le cree. Se burlan de él, están convencidos de que miente para justificar el episodio de la leche derramada que provocóel cuando pasó cabalgando a toda prisa con su caballo, algo que normalmente le gustaba hacer. Recuerda también que su padre se enfadó mucho con él.

La herida que Juan tenía en el brazo se infectó y pese a que la trataron diversos médicos, no sanó hasta casi seis años después, cuando él contaba dieciocho. Las marcas de la herida coinciden exactamente con la descripción de los dedos del ser alto y todo indicaba que había sido infligida con un elemento cortante puntiagudo.

Juan mostrando la herida en su brazo

La herida que Juan tenía en el brazo se infectó y pese a que la trataron diversos médicos, no sanó hasta casi seis años después, cuando él contaba dieciocho. Las marcas de la herida coinciden exactamente con la descripción de los dedos del ser alto y todo indicaba que había sido infligida con un elemento cortante puntiagudo.

La herida en la pata del caballo no pudo cicatrizar, pese a los cuidados de un veterinario que lo trató. El animal tuvo muchos problemas para orinar y, finalmente, a los pocos días, “Cometa” murió.

El asunto no acaba ahí porque, aunque Juan es reacio a contarlo, lo cierto es que, al menos en cinco ocasiones más, sufrió incidentes con extrañas luces. Es como si el fenómeno, de algún modo, buscase a Juan. No es el primer caso que conocemos, hay otros con esa característica.

Este caso fue investigado en profundidad por el CIC (Centro de investigaciones Cosmobiofísicas) con sede en Venado Tuerto ( http://martinich2012.blogspot.com/) y que es depositario de la pata de Cometa que sufrió la herida en este incidente. Fue un extenso y riguroso trabajo que los investigadores de este centro tardaron meses en terminar, viajando a la estancia, recopilando información, entrevistando al testigo etc. Y en el que intervinieron médicos y psicólogos.

Para el investigador y miembro del CIC, Marcelo Martinich, conductor del programa “Área OVNI, la verdad evidente” el caso Juan Oscar Pérez marcó un antes y un después en la investigación del fenómeno en Argentina.

También el astrofísico y ufólogo Jacques Vallée se interesó por este caso e hizo una investigación sobre el terreno, citándolo en su libro “Confrontations”. También el investigador, escritor y periodista argentino Fabio Zerpa, lo publica en 1981 en la revista «Cuarta Dimensión» como la primera vez que una persona está en el interior de un laboratorio de mutilación de ganado.

Jacques Vallée y Fabio Zerpa en 1979 junto a Juan y su padre

El incidente de Juan Oscar Pérez no fue un casoo aíslado. En el lapso de una semana hubo tres casos más en las cercanías de Venado Tuerto y, de hecho, 1978 fue un año al que los investigadores han calificado como el año de la “oleada argentina”.

Caso Healion

3 de setiembre de 1978 a las 4:30 de la madrugada: Carlos Alberto Healion, un carpintero de 21 años conducía su coche por la RN 8 en dirección a Venado Tuerto cuando a su izquierda observa un campo intensamente iluminado. Se acerca y ve siete naves de unos 10-12 metros de diámetro, posadas en el suelo, y dos seres altos, de más de dos metros, vestidos con una especie de “monos” brillantes y un casco algo más oscuro. Se movían lentamente y parecían recoger algo del suelo.

De pronto, una de las naves se eleva 50 metros y moviéndose de forma pendular se le acerca y lo enfoca con dos potentes reflectores. De pronto, su automóvil pierde potencia cuando el objeto parece seguirle durante 500 o 600 metros hasta que finalmente se va y se reúne con el resto.

Healion huye y pierde de vista las naves que quedan ocultas por las edificaciones y por un bosque cercano.

Caso Torres

El 8 de setiembre de 1978, Roberto Francisco Torres de 16 años, se dirigía en bicicleta a su trabajo en una céntrica panificadora de Venado Tuerto, cuando en la calle Belgrano a pocos metros de cruzar la avenida Mitre, se produjo un apagón general.

De pronto, observa en el cielo un objeto brillante de forma ovalada, en cuya parte superior puede observar una cúpula con dos ventanillas redondas. El objeto lo enfoca con un potente haz de luz que le produce una intensa sensación de calor. La luz, intensísima, era blanca en su origen, pero muta a rojiza cuando se torna en haz de luz.

Según cálculos del testigo, el objeto mediría unos diez metros de diámetro y se mantuvo estático a unos 50 metros del suelo, con un leve balanceo pendular. Asustado, el testigo huyó a toda prisa del lugar.

Carlos Alberto Healion, Juan Oscar Pérez y Francisco Torres, protagonistas de encuentros con “No Identificados” el 3, el 6 y el 8 de setiembre de 1978 en un mismo lugar: Venado Tuerto. No se conocían entre sí, no se había publicado nada de sus casos en la prensa, pero los tres describen experiencias similares.

Pero es que, según cuenta el investigador Luis Burgos, Venado Tuerto es una zona por la que los “no identificados” sienten cierta predilección. En octubre de 1953, se produjo una gran explosión en el cielo de Venado Tuerto de origen desconocido. También hay reportes de extrañas luces evolucionando cerca o en el interior de los molinos que existen en la zona que con el tiempo recibe el nombre de “luz mala”. Mas recientemente el 18 de octubre de 2015, una luz no identificada, una “sonda” según algunos investigadores, interfirió en las antenas de la emisora de radio FM FLASH 99.7 y provocó la caída de su sistema informático. En los días siguientes, una serie de fenómenos anómalos se produjeron en esta zona, asociados a la presencia de esas luces.

Un fenómeno absurdo: humanoides que parecen manipular carne de reses; seres que recogen no se sabe qué de la tierra; objetos que enfocan y deslumbran a un asustado ciclista para luego irse; peligroso, aun pareciendo que hay ausencia de voluntariedad; incomprensible: provocando apagones, caídas informáticas, efectos anómalos, sin que haya motivo alguno ni aparente finalidad…  Un fenómeno, en fin, que parece haber acompañado al homo sapiens desde que existe y que tal vez, especulan algunos, seamos creación suya.

Unos lo atribuyen a la presencia de seres venidos del espacio; otros a contactos transdimensionales; tambien se barajan hipótesis parapsíquicas, otros, finalmente, por ignorancia, se burlan y niegan la evidencia. Lo único que tras muchas décadas de documentar e investigar casos podemos afirmar, es que el fenómeno existe y que, en su sinuoso recorrido por la historia de la humanidad, es imposible identificar su origen y sus intenciones.

Están ahí, tal vez ahí fuera o tal vez ahí dentro, pero están e interactuan con nosotros, tal vez como nosotros interactuamos con las hormigas o con las abejas. No entendemos su inteligencia -si es que existe- porque probablemente esté a otro nivel y obedezca a parametros inalcanzables para nosotros.

En palabras de Arthur C. Clarke: “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

David Alvarez-Planas

Miembro del Instituto de Investigació y Estudios Exobiológicos
Editor de Dogma Cero


Fuentes:

Area OVNI. La Verdad evidente (conductor Marcelo Martinich

https://www.ivoox.com/039-area-ovni-039-la-verdad-evidente-ovnis-sondas-testigo-audios-mp3_rf_11502131_1.html

 “Caso Pérez”, la verdad del testigo y la “Hipótesis Guaraní”

Caso Juan Oscar Pérez año 1978, Venado Tuerto

Caso Pérez. Sexto encuentro del ICOU Venado Tuerto

Humanoides

https://ovnismisteriouniversal.blogspot.com/2018/05/humanoides-depende-de-como-vemos-las.html
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