Las esferas de piedra de Costa Rica

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Para algunos un auténtico misterio, para otros, más académicos, una simple muestra del arte de la cultura indígena precolombina. Y, aunque a muchos les cueste reconocerlo, nadie sabe todavia hoy en día qué significado tienen ni cuál fue el propósito de su elaboración.

Aún los trabajos académicos más “serios” reconocen la imposibilidad de una datación directa de estos objetos y especulan, basándose en indicios indirectos acerca de sus constructores y de la técnica empleada en su “fabricación”.

Una cosa, sin embargo, parece cierta: la teoría de los “antiguos astronautas” para explicar su origen y significado parece, como poco, forzada y la de su procedencia “atlante” innecesaria. Sin embargo, nadie puede afirmar con seguridad quien y, sobre todo,  por que las hizo. Su alineación hacia el polo norte magnético parecen mostrar un nivel de conocimiento “exótico”  para las culturas que poblaron la zona en la época en la que se atribuye su construcción, apuntando una conexión astronómica que a día de hoy (julio de 2016) no ha sido reconocido por la arqueología.

En este trabajo aportamos la visión de dos autores contrapuestos, situados en las antípodas el uno del otro.

En el primer artículo recogemos el texto del conocido divulgador y escritor Erich Von Daniken en su libro “Recuerdos del Futuro” ( 1968). Es una crónica viajera, de reconocimiento, a la búsqueda de respuestas para un enigma que justo en aquellos años empezaba a ser conocido del gran público. Al margen de su atrevida (y arriegada por gratuita) conclusión final, sus palabras tienen un valor antropologico innegable y de imprescindible lectura para todos aquellos defensores de la teoría alienigena del origen del hombre. A Von Daniken se le pueden hacer muchas críticas,-bastantes de ellas fundadas, reconozcámoslo- pero lo que le nadie le puede negar es una labor que tuvo el mérito de despertar muchas conciencias y muchas vocaciones en quienes hoy son historiadores, arqueólogos o escritores reconocidos.

En el segundo artículo el Dr.John W. Hoopes aporta una visión general de la cuestión desde el punto de vista académico. John Hoopes es licenciado en arqueología por la Universidad de Yale y Dr. En Antropología por la Universidad de Harvard. Actualmente es profesor asociado del departamento de antropología de la Universidad de Kansas. Con una humildad que le honra, el Dr. Hoopes reconoce que las esferas de piedra de Costa Rica “Todavía se consideran un gran misterio arqueológico sin resolver”

Introducción. Las esferas de piedra de Costa Rica

Uno de los misterios más extraños de la arquología fue descubierto en el delta del Diquis, en Costa Rica. Desde la decada de 1930, han sido documentadas cientos de bolas de piedra que varían en su tamaño desde unos pocos centímetros hasta más de dos metros de diámetro. Algunas pesan 16 toneladas. Casi todas ellas son de granodiorita, una piedra ignea muy dura. Estos objetos son esculturas monolíticas hechas por la mano del hombre.

Hay más de 300 esferas. Las mayores pesan muchas toneladas. Actualmente, algunas decoran los edificios oficiales como la Asamblea Legislativa, hospitales o escuelas. Se pueden enconrar en los museos. También simbolizan un estatus social al adornar las casa y jardines de los ricos y poderosos.

Las piedras pueden haber llegado desde el lecho del rio Térraba a donde fueron transportados por procesos naturales desde su primitivo origen en las montañas de Talamanca. Nunca se encontraron esferas sin terminar. Al igual que sucede con  los monolitos del viejo mundo, la cantera de Costa Rica está a más de 50 millas de distancia del lugar en el que finalmente se encuentran estas misteriosas piedras.

 

 

Esferas en la jungla

El escritor suizo Erich Von Daniken

Por Erich von Daniken

En Costa Rica, en medio de la jungla, sobre las altas montañas, en el delta de los ríos y sobre las colinas, se encuentran por doquier centenares  e incluso miles de bolas artificiales de piedra. Sus diámetros oscilan entre algunos centímetros y 2,5  m.  La  esfera  más  pesada  que se ha desenterrado hasta  ahora pesa  16 toneladas.

Al oír hablar de este fenómeno, me trasladé a Costa Rica para pasar allí diez días. Costa Rica es un típico  país  en vías de desarrollo, que hasta ahora ha sido respetado por la gran corriente turística. La información de visu que pretendía conseguir  fue  todo  menos un viaje  de  placer.  Pero  mis fatigas quedaron ampliamente recompensadas por lo que llegué a ver.

Vi ya las primeras esferas en el llano, esparcidas  por el suelo sin orden aparente alguno. Después volví a encontrar varios grupos de esferas en las cimas de las colinas. En el centro del eje longitudinal de cada colina había siempre algunos ejemplares. Vadeé el barro de un río  y  encontré  nuevos grupos de esferas dispuestas de una forma extraña e incomprensible, pero en las que se podía reconocer un determinado orden.

En la llanura de Diqui, una zona extraordinariamente cálida, se encontraban, desde tiempos desconocidos, 45 esferas batidas por los ardientes rayos del sol. ¿Tenían dichas esferas la finalidad de darnos a entender algo que no fuimos ni  somos capaces de entender?

Para  saciar  mi  curiosidad, tuvimos  que recorrer  una distancia  de  100  km  en  jeep  -lo  cual  requirió  todo  un  día-, con objeto de examinar las esferas que había en Piedras Blancas, al sudeste del río Coto, siempre en Costa Rica.  Una y otra vez teníamos  que apartar  obstáculos  del camino, cargar el jeep entre cuatro personas y empujar en algunas  curvas. Pero llegó un momento en que el coche no pudo avanzar más. Bubu -el mestizo que nos servia de guía- nos precedió durante una hora para ahuyentar a las sabandijas. Sin aquella precaución, habríamos caído más de una vez en nidos de arañas venenosas, que abundan mucho. Con su mordedura, estos repulsivos bichos ponen en constante peligro de muerte.

Por fin nos encontramos con dos enormes esferas, de altura superior a la de un hombre, en medio de la selva virgen. Quería ver con mis propios ojos aquellas esferas de Piedras Blancas precisamente porque se encontraban en medio de la selva. Se afirmaba que tenían sólo algunos centenares de años. El que haya estado allí, como yo estuve, no podrá creerlo. La propia selva es primitiva y, según mi opinión, las esferas estarían ya allí antes de que empezara a crecer la exuberante vegetación.

Y aunque actualmente, con el empleo de los grandes medios técnicos con que contamos, podemos «trasplantar» Abu Simbel a cualquier lugar, me parece muy dudoso que pudiéramos colocar estas esferas en la selva virgen en que se  hallan.

Aún vi más esferas en otros lugares de Costa Rica:

En Golfo Dulce se pueden. ver quince bolas gigantes dispuestas en línea  recta.

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Al norte de Sierra Brunquera, en las cercanías de la pequeña ciudad de Uvita, encontré otras doce.

En el enlodado lecho del río  Esquina aparecieron cuatro. En la isla Camaronal se encuentran otras  dos, y,  finalmente, hay otras en los picos de la cordillera Brunquera,  en la zona del río Diquis.

La mayor  parte  de estas misteriosas  esferas  están hechas de granito o de lava. Resulta muy difícil dar la cifra exacta de este tipo de esferas de piedra, sin duda muy antiguas. Muchas de ellas adornan hoy los jardines, parques o los edificios públicos. Como quiera que en una antigua leyenda se dice que en el centro de cada esfera se puede encontrar oro, muchas de ellas fueron destruidas. Por otra parte, es digno de notar que en ninguno de los lugares de Costa Rica en que se han descubierto estas esferas, se encuentra rastro alguno que nos pueda dar una pista sobre sus «fabricantes».

Cuando, durante los años 1940 y 1941, la «United Fruit Company» roturó los pantanos y bosques extendidos al pie de la cordillera Brunquera, en la zona del río Diquis, la arqueóloga Doris Z. Stone encontró numerosas esferas artificiales. Escribió sobre ello un documentado  informe,  que  terminaba con estas resignadas palabras: «Las esferas de Costa Rica tienen que ser incluidas entre los indescifrados misterios mega­ líticos del mundo.»

En realidad  no  sabemos  quién hizo  estas bolas  de piedra,ni qué instrumentos utilizó para su trabajo, ni con qué objeto se hicieron, ni en qué época se realizaron. Todo cuanto los arqueólogos dicen para explicar la existencia de estas bolas indias, o «bolas celestes», como las llaman los nativos, es puramente especulativo. Una leyenda local afirma que cada esfera representa al Sol, explicación que puede aceptarse. Sin embargo, los que se dedican a investigar la Antigüedad rechazan esta versión, porque en todas estas latitudes el Sol fue representado siempre como un platillo de oro, rueda o disco, pero nunca como una esfera, ya se tratara de incas o aztecas.

Una cosa es cierta: estas esferas de piedra  no  pueden haber aparecido de una manera espontánea, sin ayuda  ninguna de tipo mecánico. Son de una perfección asombrosa: se trata de esferas redondas en el verdadero sentido de la palabra, de superficies completamente  lisas.

Los arqueólogos que han estudiado las esferas de Costa Rica, han podido comprobar  que ninguna  de ellas  muestra ni la más mínima desviación respecto al diámetro que debe tener. Esta exactitud hace  suponer  que quien  las creó debió de tener muy buenos conocimientos de Geometría, además de contar  con  aparatos  técnicos adecuados.

Portada del libro Recuerdos del Futuro de la colección Otros Mundos de Editorial Plaza y Janes (1970)

Si los  canteros  hubieran  desenterrado  primero  el material en bruto  del suelo, para  trabajar  después  en el lugar apropiado,  se  habrían  producido,  inevitablemente,   desigualdades   e irregularidades,  porque no  se habría  podido  controlar  la parte situada directamente sobre el suelo. Este procedimiento primitivo  ha  de  descartarse  por  completo. El material  en bruto tuvo  que haber sido transportado  hasta allí, entre otras cosas, porque no se encuentran  en los alrededores  grandes masas  de rocas.  Por  otra  parte,  los  bloques  de piedra  tuvieron  que haber  sido desgajados  o cortados  de las  rocas. Yo he  llegado  a la  conclusión  de  que  para  conseguir  estas  obras  se  necesitaron  muchas  fuerzas,  tiempo  e instrumentos  de  trabajo  especiales.

Sin embargo, una vez llegados a este punto, sigue siendo incomprensible por qué las esferas, una vez terminadas, fueron trasladadas hasta un punto cualquiera,  como, por  ejemplo, a la cima de una montaña. ¡Qué idea tan absurda y qué empleo tan gigantesco de trabajo! Sin embargo, hay una explicación, aunque sólo parece apropiada para los superficiales guías  turísticos:  ¡Las  esferas  gigantes serían  «labradas»  por la erosión de los lechos de los ríos!  Si para mí no se tratara de una cuestión tan seria, me reiría de esta idea. Las esferas, cuyo peso es enorme,  habrían  permanecido  así,  sencillamente, enterradas en los embarrados lechos de aquellos ríos, que, en  parte, también  son  pedregosos.

Quienes propugnan esta teoría del lecho de los ríos, se encuentran frente a un hecho que no puede haber cambiado  durante el transcurso de los tiempos: entre las montañas de granito -de las que tuvo que haber sido extraída una gran parte del material para hacer las esferas- y el lugar donde éstas han sido  encontradas  en  el  delta  del  Diquis,  no sólo se extiende la amplia y poderosa selva, sino que tres ríos pequeños representan otros tantos obstáculos para el transporte de material de tal magnitud , en la suposición de que no se dispusiera de medios especiales para  ello.  Y  si no bastasen estas barreras, téngase en cuenta que, vistas  desde  el  lado de las  rocas  de granito, casi todas  las esferas se encuentran  en la otra orilla del río Diquis. Así, pues, los “transportistas” tendrían que haber salvado también este obstáculo, y supongo que no lo harían como por arte de «magia». He observado que cuando los  arqueólogos  no encuentran  explicación  para el  gigantesco  esfuerzo  que supondría  el  transporte, recurren a la llamada “teoría del traslado rodado”, teoría que fracasa aquí por completo. Para ello basta ver las enormes esferas colocadas en las cumbres de las montañas. Un especialista me dijo que para hacer una bola de piedra de  16  toneladas de peso se necesita un material, en bruto, de 24 toneladas por lo menos. Si tenemos en cuenta las innumerables esferas que existen, podremos formamos una idea aproximada de la enorme cantidad de material que se tuvo  que haber  movido en esta zona en la época en que fueron hechas las esferas de piedra.

Había visto el maravilloso mundo de las esferas de piedra y había quedado convencido de su inquietante existencia. Ahora pretendía encontrar la solución de este misterio. Sin embargo, cuando pregunté a los costarricenses por la procedencia y significado de las bolas de piedra, tropecé con el silencio y la desconfianza. Aunque los naturales del país han sido «educados» por los misioneros y gracias a los numerosos contactos económicos con  Occidente, en el fondo de su ser siguen sien do supersticiosos. Dos arqueólogos del «Museo Nacional de San José» a quienes pregunté, me explicaron que la creación de las esferas se debía  a un culto a las estrellas, aunque  quizá se tratase también de representaciones de calendario o de signos religiosos o mágicos. Seguí investigando con tenacidad, precisamente porque aquellas explicaciones no me convencían, pero al fin llegué a la conclusión de que también para ellos constituía  un  tabú  el misterio de las  esferas.

Como los arqueólogos competentes no me podían o no me querían ayudar, intenté preguntar a algunos indios. Acostumbrado como estaba al trato con los nativos de numerosos países, no tardé en advertir que sentían cierto temor tan pronto como la conversación derivaba hacia las esferas. Sea como fuere, es realmente asombroso que aquellos indios, siempre dispuestos a conseguir algún dinero, se negaran a acompañarme hacia una roca  situada  apenas a 600 m de altura y  sobre la que había tres de estas  esferas, ni  siquiera  a  cambio de una buena propina.  ¡Buba constituyó una excepción!

Un alemán que, hace ya  cuarenta  años, es propietario  de la «Pensión Ana», en San José, y a quien se considera  como el hombre que mayor cantidad de material posee sobre las esferas, estuvo hablando largamente conmigo, a petición mía, sobre el misterio de dichas esferas. Me mostró figuras impresionantes, pero se comportó como si hubiera de conservar el secreto de un tesoro de oro recién descubierto. Me enseñó bocetos de esferas agrupadas, pero se negó a indicarme su situación con exactitud.  Ni  siquiera  me  dejó  que los copiara.

Museo Nacional de Costa Rica en San José

Museo Nacional de Costa Rica en San José

-¡No, no puede  ser! -exclamó.

Si no lo hubiera sabido ya, en Costa Rica me habría enterado de que existía en realidad un misterio en torno a  aquellas esferas de piedra. No pude descifrarlo, pero  sí fortalecer mi suposición de que aquellas  esferas  prehistóricas, y todas las representaciones de las mismas en los relieves y en las   paredes de las cuevas, se hallan estrechamente relacionadas con una antigua visita de seres extraterrestres a nuestro planeta. Ellos ya sabían sin duda, y lo habían probado, que la esfera es la forma más adecuada para la navegación interestelar.

El lejano viaje de retomo a las estrellas se llevará a cabo algún día, no muy lejano, partiendo desde nuestro planeta, y probablemente en una nave espacial en forma de esfera, porque ésta es la figura geométrica más natural  para  los vuelos por  el Cosmos.

Fuente: Recuerdos del futuro. Ed. Plaza y Janés. Colección Otros Mundos (edicion de 1970)

 


Desmontando el “misterio “ de las esferas de piedra de Costa Rica

John W. Hoopes

El Dr. John W. Hoopes de la Kansa University

Por John W. Hoopes

Las esferas de piedra de Costa Rica han sido objeto de especulaciones pseudocientíficas desde la publicacion del libro de Erich Von Daniken “Los Carros de los dioses” en 1971.  Más recientemente adquirieron renovada atención a raíz de los libros  “Atlantis in America: Navigators of the Ancient World” de Ivar Zapp y George Erikcon (Adventures Unlimited Press-1998) y “The Atlantis Blueprint: Unlocking the Ancient Mysteries of a Long-Lost Civilitzacion” de Colin Wilson y Rand Flem-Ath (Delacorte Press 2001). Estos autores han aparecido en televisión, radio, revistas y páginas web en las que hacen un increible mal servicio al público al tergiversar el estado actual de conocimiento acerca de estos objetos.

Aunque alguno de estos autores son presentados a menudo como descubridores de estos objetos, el hecho es que son conocidos por los científicos ya que vieron la luz por primera vez en 1940, durante las actividades agrarias de la United Fruit Company. La investigación arqueológica de las esferas de piedra comenzó poco después con la primera publicación académica acerca de ellas que aparece en 1943. No se trata de un nuevo descubrimiento ni tampoco algo especialmente misterioso. De hecho, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en los sitios de esas esferas en la década de 1950 parecieron estar asociados con cerámica y otros materiales típicos de las culturas precolombinas del sur de Costa Rica. Cualquiera que sea el “misterio”, tiene más que ver con la pérdida de información debido a la destrucción de las esferas y sus contexgos arqueológicos que con continenetes perdidos, astronautas antiguos o viajes transoceánicos.

Cientos de bolas de piedra han sido documentadas en Costa Rica cuyo tamaño varía desde unos pocos centímetros hasta más de dos metros de diámetro. Casi todos ellos son de granodiorita, una piedra ignea dura. Estos objetos son de origen natural, a diferencia de las bolas de piedra de Jalisco., México, que fueron descritas en 1965 en un artículo de National Geographic. Más bien son esculturas monolíticas hechas por la mano del hombre.

Las esferas se han puesto en peligro desde el momento de su descubrimiento. Muchas han sido destruídas, dinamitadas por cazadores deos o desmenuzadas para actividades agricolas. En la década de 1950 se llevó a cabo un importante estudio con cincuenta bolas que se registraron in situ. Hoy en día, sólo un puñado siguen en su ubicación original.

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Preguntas frecuentes

¿Dónde se encuentran las esferas?

Originalmente se encontraron en el delta del río Térraba, también conocida como la Sierpe, Diquis y el río General, cerca de las ciudades de Palmar Sur y Palmar Norte. Las esferas se conocen en regiones tan lejanas como el Valle de la Estrella, por el norte, y la desembocadura del rio Colorado por el sur. Desde el momento de su descubrimiento en la decada de 1940 se consideraron objetos ors de jardín. Fueron transportados por toda Costa Rica, principalmente por ferrocarril. Ahora pueden encontrarse por todo el país. Hay dos bolas que pueden verse por el público en los Estados Unidos. Una de ellas en el museo de la National Geographic Society, en Washington DC. El otro está en un patio cerca del Peabody Museum of Archaeology and Ethnography en la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts.

¿Qué tamaño tienen?

Las bolas varían en tamaño desde unos pocos centímetros hasta más de dos metros de diámetro. Se ha estimado que las más grandes pesan más de 16 toneladas (unos 16.000 kg.)

¿De qué están hechas?

Mapa de Costa Rica en el que se señala la zona del delta del Diquis en donde se encuentran las esferas de pieedra

Mapa de Costa Rica en el que se señala la zona del delta del Diquis en donde se encuentran las esferas de pieedra

Casi todas las bolas están hechas de granodiorita, una piedra dura, ígnea, que aflora en las estribaciones de la cercana cordillera de Talamanca. Hay algunos ejemplares hechos de coquina, un material duro, similar a la piedra caliza que se forma en la playa con restos de conchas y arena. Probablemente este tipo de depósitos se llevaron hacia el interior de la boca del delta Térraba-Sierpe.

¿Cuántas esferas hay?

Samuel Lothrop en una publicación de 1963, registró un total de aproximadamente 186 esferas. Sin embargo,. Se ha estimado que puede haber varios cientos de estos objetos dispersos por toda Costa Rica. Se informó de que en un sitio arqueológico cerca de Jalaca había 45 esferas, pero actualmente se hallarían ya en otros lugares.

¿Cómo se hicieron?

Probablemente, estas bolas se hicieron mediante la reducción de cantos rodados de forma esférica, a través de una combinación de tres elementos: rotura controlada, picado y molido. Se ha demostrado que la granodiorita de la que estan hechas se lamina en capas cuando se someten a cambios rápidos de temperatura. Las esferas se podrían haber perfilado mediante el empleo de calor (carbon caliente) y frio (agua fría). Cuando quedaban redondeadas, se reducían aún más picandolas con piedras del mismo material duro. Finalmente, se pulían para darles brillo. Este proceso, que era similar al utilizado para la fabricación de hachas de piedra pulida, elaborar metales tallados y estatuas de piedra, se llevó a cabo sin la ayuda de herramientas de metal, rayos laser o formas de vida extraterrestre.

¿Quién los hizo?

Muy probablemente, las esferas fueron hechas por los antepasados de los indígenas que vivían en la región en el momento de la conquista española. Estas tribus hablaban “Chibchan” para relacionarse con los pueblos indígenas que habitaban una zona desde el este de Honduras hasta el norte de Colombia. Sus actuales descendientes incluyen los “Boruca”, “Terraba” y “Guaymi” . Estas culturas vivían en asentaminetos dispersos, algunos de los cuales superaban las 2000 personas. Vivían de la pesas, la caza y la agricultura. Cultivaban maíz, yuca, frijoes, calabaza, pejibaye, papaya, piña, aguacate, chile, cacao y muchas otras frutas. Cultivaban raíces y plantas medicinales. Vivían en casa que normalmente tenóian una forma redoESFERAS-6ndeada, con bases hechas de guijarros de río redondeados.

¿Cuál es su antigüedad?

Las bolas de piedra se encontraron en los sitios arqueológicos  y en la parte superior de los estratos enterrados que tenían una cerámica carasterística de la cultura Aguas Buenas, cuyo rango de edad va desde los 200 aC a los 800 dC. Según algunos informes, las esferas de piedra se han encontrado en tumbas con adornos de oro, cuyo estilo es fechado hacia el año 1000. También se han encontrado en estratos que contienen restos de “policromo Buenos Aires” un tipo de cerámica del Período Chiriqui, cuyo inicio se ha fechado alrededor del año 800. Este tipo de cerámica, según esos informes, se ha encontrado junto a herramientas de hierro de la época colonial, lo que sugiere que su fabricación se renmontaría al siglo XVI. Por lo tanto, las esferas podrían tener su origen en cualquier momento en un período de 1800 años. El período de construcción de las primeras bolas, probablemente, se prologó a lo largo de varias generaciones durante el cual podrían haber sido movidas y modificadas.

¿Para que se usaban?

Nadie lo sabe con certeza. Las esferas dejaron de hacerse cuando llegaron los primeros exploradores españoles y permanecieron olvidadas por completo hasta que fueron redescubiertas en la década de 1940. Muchas de las bolas fueron encontradas en alineaciones consistentes en líneas rectas y curvas, así como triángulos y paralelogramos. Se encontró un grupo de cuatro esferas dispuestas en una línea orientada al norte magnético. Esto ha llevado a especular que pudo haber sido hecho por personas familiarizadas con el uso de brújulas magnéticas o alineaciones astronómicas. Por desgracia, todos excepto unos pocos de estos alineamientos fueron destruídos cuando las esferas se trasladaron de sus lugares de origen, por lo que las mediciones realizadas hace casi cincuenta años  no pueden verificarse con exactitud. Muchas de las bolas,algunas de ellas formando alneaciones, se encontraron en lo alto de algunas colinas. Esto ha llevado a la especulación de que puedan haber sido confinados en el interior de las casas construidas en la parte superior de los montículos, lo que habría hecho difícil usarlos para hacer observaciones. La sugerencia de Ivar Zapp de que lo alineamientos fueron usados como dispositivos de navegación que apuntaban a la Isla de Pascua y Stonehenge es ciertamente errónea. Las mediciones originales de Lothrop sobre los alineamientos de las esferas a sólo unos metros de distancia no eran exactos ni suficientemente precisos como para permitir una de control de rrores en el trazado de distancias largas. Con la excepción de las esferas situadas en la Isla del Caño, la mayoría de las esferas están demasiado lejos del mar como para haber sido útiles para navegantes en alta mar.

¿Por qué están en peligro las esferas?

Prácticamente todas las bolas conocidas se han movido de sus ubicaciones originales, destruyéndose información acerca de su contexto arqueológicos y su posible alineación. Muchas de las esferasfueron dinamitadas por los buscadores de tesoros locales que han creído  en fábulas absurdas acerca de que contenían bolas de oro. Las bolas asentadas en campos de cultivo han sido dañadas por las quemas periódicas, lo que ha causado que la en otro tiempo superficie lisa de las esferas se rompa, se fragmente y se erosione , un proceso que ha contribuido a la destrucción de la mayoría de las esferas de piedra conocidas. Las bolas han sido movidas a barrancos y quebradas e, incluso, a ubicaciones bajo el mar (como en la isla del Caño). La gran mayoría han sido transportadas lejos de su zona de origen, lo que las separa aún más de la conciencia de los descendientes de aquellos que hicieron esas bolas.

Conceptos comúnmente equivocados

Varios autores han contribuído a la desinformación generalizada acerca de las esferas de piedra de Costa Rica, lo que ha contribuído a la especulación infundada acerca de su naturaleza y origen.

El tamaño de las bolas

En un artículo on line de Atlantis Rising, George Erikson hace afirmaciones exageradas sobre el tamaño de las esferas de piedra. Escribe que tienen “un peso de hasta 30 toneladas y miden hasta tres metros de diámetro”. Según Samuel Lothrop, autor del estudio más extenso realizado acerca de las bolas, “una bola de 6 pies se estima que pesa alrededor de 7,5 toneladas; una bola de 4 pies, 3 toneladas y una de 2 pies, 1,3 toneladas”. Lothrop calcula que la bola más pesada se ha situado en alrededor de 16 toneladas. La esfera más grande conocida mide 2,15 metros de diámetro, que es notablemente menor que esos tres metros.

La redondez de las bolas

Fotografía de una de las bolas de piedra en la que puede apreciarse la irregularidad de su superficie

Fotografía de una de las bolas de piedra en la que puede apreciarse la irregularidad de su superficie

Erikson afirma, además que estos objetos “eran esferas perfectas, con una diferencia de 2 milímetros entre cualquier medición efectuada, tanto en su diámetro como en su circunferencia”. Esta afirmación es falsa. Nadie ha medido las bolas con ese grado de precisión. Ni Ivar Zapp ni George Erikson han propuesto una metodología mediante la cual se podrían hascer estas mediciones. Lothrop escribió “Para medir la redondez se utilizaron dos métodos, inguno sompletamente satisfactorio. Cuando las bolas grandes estaban proffundamente enterradas en el suelo podía tomar varios días excavar a su alrededor, de manera que expusimos la mitad superior solamente y luego se midieron dos o tres diámetros con cinta plomada. Esto reveló que los ejemplares pequeños, por lo general con diámetros que oscilan entre 2 y 3 pies (0,6 y 0,9 metros), variaron en diametros, como mucho, entre una y dos pulgadas (2,5-5,1 centímetros). Debe quedar claro que este método supone que la parte enterrada era esférica. Lothrop también midió las bolas que fueron espuestas de forma mñas completa mediante la adopción de un máximo de cinco circunferencias con una cinta métrica, a partir de la cual se calculaban sus diámetros. Este autor escribe: “Evidentemente, las bolas más grandes eran producto de una artesanía más elaborada y eran casi tan perfectas que las medidas del diametro con la cinta y la plomada no revelaron imperfecciones. Por lo tanto, se midió la circunferencia horizontalmente y, si era posible, en una inclinación hacia arriba de 45 grados hacia los cuatro puntos cardinales. Nosotros no solemos determinar la circunferencia vertical de las bolas grandes ya que eran demasiado pesadas para moverlas. Este procedimiento no fue tan fácil como parece ya que varias personas tuvieron que sostener la cinta y todas las mediciones tenían que ser revisadas. Como la variación de los diámetros era demasiado pequeña para ser observada a simple vista, incluso con una plomada, los diámetros fueron calculados matemáticamente. El origen de reivindicar mediciones más precisas puede deberse a errores en la interpretación de las tablas de Lothrop, en las ue se presentan los diámetros calculados en metros con cuatro decimales. Sin embargo, estas con estimaciones calculadas matemáticamente y no mediciones directas. No fueron redondeadas para reflejar la precisión real con la que fueron tomadas las medidas reales. Debería ser obvio que las diferencias “demasiado pequeñas para ser detetadas a simple vista” no se pueden traducir en afirmaciones acerca de la precisión “con una diferencia de 2 milímetros”. De hecho, las superficies de las bolas no son perfectamente lisas, existiendo irregularidades que exeden claramente los dos milímetros de altura. Como se indicó anteriormente, se sabe que algunas bolas tienen variaciones de 5 cm (50 mm) de diámetro. En la fotografía de esta gran bola, (a la izquierda) se aprecia claramente que la superficie está deteriorada. Por lo tanto, es imposible saber con que precisión pudo haber sido hecha esta esfera.

Representación de aborigenes chorotegas

Representación de aborigenes chorotegas

Los creadores de las bolas

George Erikson afirma que “los arqueólogos atribuyen las esferas a los indios Chorotegas.  Ningún arqueólogo familiarizado con las evidencias halladas ha hecho nunca esta afirmación. Los chorotegas fueron una etnia de habla otomangue que ocuparon una zona en Guanacaste, cerca del golfo de Nicoya, en el noroeste de Costa Rica. Los pueblos que vivían en el área donde se encuentran las bolas hablaban chibcha. Las esferas se hallaron asociadas a restos arquitectónicos tales como mueros de piedra y pavimentos hechos de guijarros de río y ambos conjuntos, así como restos de vasijas de cerámica, son consistentes con los hallazgos de otros sitios relacionados con las culturas Aguas Buenas y Chiriquí. Se cree que éstos representan los ancesttros de los pueblos nativos del grupo que historicamente habló el chibcha en el sur de Costa Rica.

La datación de las esferas

George Erikson otros han dado a entender que las olas pueden datar, como poco, de hace 12.000 años. No hay evidencia que apoye esta afirmación. Dado que las bolas no pueden ser datadas directamente por métodos tales como el radiocarbono, que sólo puede aplicarse directamente a materiales orgánicos, la mejor manera de hacerlo es por el contexto estratigráfico y los artefactos asociados. Lothrop excavó una esfea de piedra que fue localizada en una capa separada de un deposito subyacente que contenía fragmentos cerámicos típicos de la cultura Aguas Buenas (200 aC-600 dC). En el suelo inmediatamente debajo de esta esfera se encontró la cabeza ota de una figurita humana pintada, del tipo de policromñia Buenos Aires, datado entre 1000-1500 dC (algunos ejemplares han sido encontrados asociados con herramientas de hierro). Estre que la bola fue hecha en algún momento entre el 600 y el 1500 dC.

Las esferas están “fuera de contexto”

Desde su descubrimiento en 1940, la gran mayoría de estas bolas se han eliminado de sus conextos arqueológicos para ser utilizados como adornos para los jardines a lo largo de toda Costa Rica. Muchas de las bolas estudiadas por Lothrop parecían haber salido de las colinas cercanas. Algunas habían sido cubiertas por capas de limo, procedentes de depósitos de inundaciones y prodcuto de la erosión natural. Naturalmente, estas “fuera de contexto” en el sentido de que no tienen restos arqueológicos asociados.

Los estudiosos las han ignorado

Doris Stone y Samuel Lothrop sentados frente a una de las esferas de piedra

Doris Stone y Samuel Lothrop sentados frente a una de las esferas de piedra

No es raro que los autores que escriben sobre las bolas de piedra afirmen que estos objetos han recibido escasa atención de los estudiosos serios. Si bien esto es indudablemente cierto, no es verdad que estos objetos hayan sido ignorados. Tampoco es cierto que el colectivo académico haya ocultado sus hallazgos al público en general. El primer estudio académico sobre las esferas de piedra fue realizado por Doris Stone poco después de su descubrimiento por parte de los trabajadores de la United Fruit Company. Los resultados de su investigación fueron publicados en 1943 en American Antiquity, la revista académica más prestigiosa de la arquología estadounidense. Samuel Lothrop, arqueólogo del Peabody Museum of Archaeology and Ethnography de la Universidad de Harvard, realizó un importante trabajo de cmpo en relación con las esferas de piedra en 1963. Contenía mapas de los yacimientos donde las bolas fueron encontradas, descripciones detalladas de las cerámicas y los objetos encontrados cerca de ellas y muchas fotografías, mediciones y dibujos de las bolas, sus alineaciones y su contesto estratigráfico.  Una investigación adicional del arqueólogo Matthew Stirling fue publicada en las páginas de national Geaphic en 1969. A finales de los1970, una prospección arqueológica en la isla del Caño (publicado en 1986) reveló la presencia de esferas en alta mar. Los sitios con esas bolas fueron investigados y sus resultados publicados en la década de 1980 por Robert Drolet, en el curso de las excavaciones en el Valle de Térraba. A finales de 1980 y principios de 1990, Claude Baudez y sus estudiantes de la Universidad de Paris volvieron a los lugares de trabajo de Lathrop, en el delta del Diquis para llevar a cabo un análisis más cuidadoso de la cerámica de la zona,  y afinar la datación del contexto en el que habían sido encontradas las bolas. Esta investigación fue publicada en español en 1993, con un resumen en inglés que aparció en 1996. También en la década de 1990, este autor llevó a cabo un trabajo de campo alrededor de Golfito, que documentaba la existencia de los ejemplares más orientales de estas bolas. En aquel momento, Enrico Dal lago,un estudiante de la Universidad de Kansas, elaboró su tesis doctoral sobre el tema de las esferas de piedra. Sin embargo, el estudio más meticuloso fue un trabajo de campo realizado entre 1990 y 1995 por la arqueóloga Ifigenia Quintanilla, bajo los auspicios del Museo Nacional de Costa Rica. Ella fue capaz de excavar varias bolas in situ y documentó el proceso de su elaboración y sus asociaciones culturales. La investigación de Quintanilla fue el estudio de campo más completo de estos objetos desde Lothrop. Aunque todavía inéditos en su mayoría la información que ella ha recopilado es actualmente objeto de su postgrado en la Universidad de Barcelona. Incluso con la actual investigación pendiente, la lista de refeencias en este sitio web deja claro que las esferas de piedra han recibido mucha atención del mundo académico.

John W. Hoopes (2001)

Traducido del sitio: www.world-mysteries.com

 

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